domingo, marzo 09, 2014

 

EL FRENTE RENOVADOR DESNUDÓ A LA OPOSICIÓN

Las 2 puertas de Massa (ni macristas ni socialistas ni radicales conocen a sus votantes)

Ahora se entiende por qué el kirchnerismo duró tanto tiempo: porque los opositores eran gente como Mauricio Macri, Hermes Binner, Ricardo Alfonsín, Federico Pinedo, Fernando Solanas, Ricardo Gil Lavedra... un engaño a la política. Lo de Daniel Scioli no cuenta porque él es kirchnerista (aunque, a veces, vergonzante). De pronto aparece una fuerza nueva, con alguna cintura política, y el desparramo es elocuente, explicó Claudio Chiaruttini en su editorial dominical por Radio El Mundo.

09/03/2014| 10:30

 

"(...) la movida de Sergio Massa desnudó el profundo error estratégico cometido por macristas, socialistas y radicales; y obligó a las 3 fuerzas a desautorizar a sus representantes en la comisión redactora de los cambios del Código Penal, con lo cual, el kirchnerismo deberá ceder y permitir modificaciones o sumar todos los votos posibles para poder aprobar el nuevo Código Penal garantista. Tarea complicada, si las hay. (...)"



 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Sin Saco y Sin Corbata). Constituirse como proyecto alternativo es la tarea más difícil que deben enfrentar las oposiciones a los gobiernos populistas de la región, de allí la larga permanencia en el cargo de los Hugo Chávez, los Rafael Correa, los Evo Morales y el Matrimonio Kichner. Pero con una movida estratégica llevada a cabo muy desprolijamente por Sergio Massa, el líder del Frente Renovador dio un inmenso paso para convertirse en la verdadera oposición, una opción potencial de reemplazo, de Cristina Fernández.

 

En su discurso de apertura de Sesiones Ordinarias en el Congreso, la Presidente de la Nación dejó bien en claro que su herencia política será rediseñar el sistema jurídico argentina dándole un neto sesgo garantista.  Y Sergio Massa logró clavarle una estaca en el corazón de ese sueño: la reforma del Código Penal que impulsó el cortesano mimado por la Casa Rosada, Eugenio Zaffaroni, hoy se encuentra debilitada.

 

Es cierto que Sergio Massa salió con argumento débiles y equivocados a derribar el proyecto del kirchnerismo, es cierto que le faltó el apoyo de juristas reconocidos (en equipo de ministeriables del Frente Renovador tiene 5 economistas y ningún jurista); sin embargo, obligó a toda la oposición a retirar el apoyo tácito y tibio que habían dado a los 1.074 cambios que se intentan introducir en el Código Penal.

 

Cuando se creó la comisión redactora de la reforma penal, muy astutamente, la Casa Rosada invitó al PRO, el Frente Amplio Progresista y a la Unión Cívica Radical a sumar un representante para que realizaran sus observaciones y aportes. Allí fueron el macrista Federico Pinedo, la jurista socialista María Elena Barbagelata y el jurista radical Ricardo Gil Lavedra, quienes participaron, orgullosos, de la tarea encomendada. Los 3 partidos, y los 3 delegados, creyeron que habían sido llamados para enriquecer, para darle prestigio a la reforma. Se equivocaron como pocas veces en los casi 11 años de Era Kirchnerista.

 

Demostrando una inocencia, un candor, una credulidad pasmosa; la oposición al Gobierno, no percibió que el cristinismo los estaba usando para legitimar la reforma, darle una pátina de supuesto consenso, para filtrar la concepción abolicionista que reclaman las bases kirchneristas (y que divide hoy al Poder Judicial) y, en especial, abrían la puerta para una rápida y poco discutida aprobación de la propuesta de Eugenio Zaffaroni en el Congreso.

 

Sin duda, una inteligentísima estrategia del oficialismo que ya fue usada para conseguir la Ley de Servicios de Comunicación Judicial y la reforma judicial lanzada el año pasado.

 

A decir verdad, la Casa Rosada se aprovechó del ego y sueños de convertirse en versiones postmodernas de Carlos Tejedor que tenían Federico Pinedo, María Elena Barbagelata y Ricardo Gil Lavedra para realizar una transformación copernicana del endeble sistema penal argentino. No son pocos los abogados que pasan por el Congreso con la fantasía de ser recordados como Justiniano, cuando, en realidad, terminan por redactar proyectos de ley que son ignorados por sus pares.

 

Ni Federico Pinedo, ni María Elena Barbagelata y ni Ricardo Gil Lavedra pensaron en los efectos que tendría la puesta en práctica de la reforma que ayudaron a redactar en forma cómplice. Por eso salieron a defenderla una vez que fue presentada y aparecieron las primeras críticas.

 

No entendieron que, aplicada la reforma penal, tal como está redactada hoy, 20.000 presos obtendrán su libertad en forma inmediata y otros 10.000 la conseguirán en los próximos 2 años, según fuentes del fuero penal. ¿Cómo se cree que impactará en la inseguridad y el creciente narcotráfico la liberación de casi un tercio de las personas hoy albergadas por el Servicio Penitenciario?

 

Según el nuevo texto del Código Penal que se propone, las penas de los 20 delitos más graves serán reducidas, desaparece la reincidencia, en 86% de los delitos, la condena se podrá cumplir en la casa; el 82% de los delitos pasarán a ser excarcelables, entre ellos, el tráfico y venta de drogas, los responsables de entraderas y salideras con armas de fuego, el robo con armas en sus diferentes facetas y las extorciones; se bajan las penas a 140 tipos diferentes de delitos, entre ellos, el homicidio agravado, la violación, el secuestro, la tortura, la corrupción de menores, la asociación ilícita, la trata de menores y el abigeato.

 

Con todos estos cambios, ¿cómo creyeron Federico Pinedo, María Elena Barbagelata y Ricardo Gil Lavedra que mejoraría la vida de sus votantes? ¿Cómo pueden todas estas modificaciones reducir la inseguridad o combatir el narcotráfico? ¿Cuántos votos creían que sumarían el PRO, el Frente Amplio Socialista y la Unión Cívica Radical defendiendo estas reformas?

 

Aunque parezca mentira, ni Federico Pinedo, ni María Elena Barbagelata y ni Ricardo Gil Lavedra, ni los macristas, ni los socialista, ni los radicales recordaron que la inseguridad es el tema de mayor preocupación de los argentinos desde hace casi 10 años. ¿Cómo creían que iba a ser leída por la población la aprobación de un sistema penal que pone el peso de la culpa del delito en la víctima y alienta todas las consideraciones y cuidados hacia los victimarios?

 

Una gran lección: ni los macristas, ni los socialistas, ni los radicales conocen a sus votantes. Tampoco tienen en cuenta las necesidades, reclamos o requerimientos de esos votantes y, cuando toman decisiones de estrategia política o de instrumentación de políticas públicas, terminan por dar prioridad a las necesidades y requerimiento de los candidatos, de las fuerzas políticas o de los políticos que accionan. Se olvidan de sus votantes.

 

Apenas surgieron las primeras protestas, Federico Pinedo, María Elena Barbagelata y Ricardo Gil Lavedra, salieron a defender su trabajo, sus buenas intenciones, sus pobres aportes para moderar el extremismo garantista que traía originalmente la propuesta. Pero con sus palabras y enojo con los periodistas que los criticaban por lo hecho, en el fondo, hacían el trabajo sucio que le corresponde al oficialismo: intentar convencer a todos aquellos que se opusieran a los cambios. Así, los tres legisladores opositores, se convertían en los mayores cómplices de los sueños expresados por Cristina Fernández, con un altísimo costo político para sus imágenes personales y para los partidos políticos que representan.

 

Pero la movida de Sergio Massa desnudó el profundo error estratégico cometido por macristas, socialistas y radicales; y obligó a las 3 fuerzas a desautorizar a sus representantes en la comisión redactora de los cambios del Código Penal, con lo cual, el kirchnerismo deberá ceder y permitir modificaciones o sumar todos los votos posibles para poder aprobar el nuevo Código Penal garantista. Tarea complicada, si las hay.

 

De esta forma, si la reforma es aprobada, será culpa de la complicidad de macristas, socialistas y radicales, liberando al Frente Renovador de cualquier tipo de responsabilidad; y, si es rechazada o no se trata nunca en el recinto, será resultado del accionar decidido de Sergio Massa. Doble posibilidad de triunfo para el máximo exponente del massismo.

 

Pero ahora, al ex intendente de Tigre, se le abren 2 puertas:

 

> 1ra., avanzar hacia la demolición de todas las propuestas de reforma judicial de Cristina Fernández (Código Civil y Comercial Unificado, que espera ser tratado en la Cámara de Diputados antes de Julio; y el que se prepara, Código Procesal Administrativo);

 

> 2da., comenzar a sumar legisladores a la bancada massista, como una forma de convertirse en la primera minoría política en el Congreso, algo que ya hizo en el Senado bonaerense y puso en emergencia al Gobierno de Daniel Scioli.

 

El certero golpe que dio Sergio Massa contra la reforma penal hizo recuperar bríos a un massismo que venía de capa caída desde la enérgica reacción del Gobierno y del sciolismo luego del pase del Intendente de Merlo, Raúl Othacehé, al Frente Renovador.

 

En cuestión de horas, la Casa Rosada se reunió con 90 intendentes y los alineó detrás de Cristina Fernández. Así evitó que 6 alcaldes bonaerenses que vienen trabajando históricamente con Raúl Othacehé se pasaran al massismo. Además, el Partido Justicialista de la Provincia de Buenos Aires integró a peronistas, sciolistas y kirchneristas, sobre todo La Cámpora, y le cerró la puerta a cualquier acuerdo con el Frente Renovador, lo que aisló a Sergio Massa con lo poco que tiene hasta ahora en la 3ra. Sección Electoral del distrito más importante para la contienda electoral del 2015.

 

Además, en esa movida antimassista, Daniel Scioli logró un "perdón" de la Casa Rosada, reconfirmó que él puede contar con unos 60 intendentes bonaerenses que lo apoyan, y que el kirchnerismo lo comenzó a ver como "heredero natural" de Cristina Fernández, al igual que 7 gobernadores que lo apoyaron en su proyecto presidencialista. Todos golpes para Sergio Massa.

 

En el fondo, lo ocurrido desde el pase de Raúl Othacehé reconfirmó las estrategias que Daniel Scioli y Sergio Massa están elaborando para competir por la Presidencia.

 

El gobernador de Buenos Aires se apoyará en la estructura formal del Partido Justicialista e intentará quedarse con una tajada del kirchnerismo.

 

El ex intendente de Tigre irá a la gente, a los electores, apelará a lo individual para construir lo colectivo, él seguirá en su lucha por seducir, capitalizar y arrastrar detrás de su figura a los votantes antikirchneristas, no importa su origen político, y se apuntalará en los poderes territoriales (entiéndase intendentes, no gobernadores) para llegar a la Casa Rosada.

 

Sergio Massa, con su ataque a la reforma del Código Penal, confirma que hace una mejor lectura de lo que piensan y sienten los votantes antikirchnristas, una masa de gente que crece en número semana a semana, al ritmo de la caída de popularidad de Cristina Fernández. En esa sensibilidad él se parece a Carlos Saúl Menem, quien supo leer el hastío del votante peronista hacia la elitista renovadora-cafierista y logró quedarse con los votos, mientras que Antonio Cafiero controlaba el aparato. ¿Pasará esto con Daniel Scioli? El sciolismo debería preocuparse por su estrategia camino al 2015.

 

2 lecturas más de la exitosa estrategia massista contra el Gobierno:

 

> ¡cuán débil debe estar el liderazgo de Cristina Fernández que fueron escasas, y con poco peso político, las voces kirchneristas que salieron a defender la propuesta garantista de Eugenio Zaffaroni! En realidad, los ataques fueron contra la persona de Sergio Massa o sus eventuales errores; y

 

> qué pésimas lecturas de la opinión pública que realizan macristas, socialistas y radicales, quienes tuvieron que ceder ante la propuesta de Sergio Massa, nunca vieron la veta electoral de encabezar el rechazo contra la reforma penal y dejaron que sus representantes participaran de una comisión de reforma sin hacer un análisis de los efectos que tendría sobre sus respectivos partidos políticos de esta decisión. Lo que explican por qué la Presidente de la Nación tiene asegurado su cargo hasta 2015.

 

Pero más allá de todo lo dicho hasta ahora, el proyecto de reforma de Código Penal no está muerto. Hoy, apenas está herido. El Gobierno, luego de la aprobación del acuerdo con Repsol por la confiscación de YPF, sin duda retomará la propuesta abolicionista e intentará aprobarla con mínimos cambios. La convertirá en una lucha épica, con el fin de construir adhesiones e identidad, algo impensable por parte de la oposición. Por eso, se necesita una mayor presión partidaria y popular para frenarla la reforma en ciernes.

 

Para el jueves 13/03 está prevista una nueva marcha al Obelisco y la Plaza de Mayo citada por las redes sociales, pero dada la bajísima repetición que ha tenido, va camino a ser un nuevo fracaso. Probablemente la Administración Cristina se encuentre detrás de una convocatoria que fracasará y así afirmará que la gente levantó la barrera a la reforma y habilitó la realización de la reforma. Por eso Massa multiplicará la solicitud de adhesión de firmas: 5 millones es mucho más que cualquier idea fallida en la calle.

 

La política moderna es una batalla por las percepciones. Sergio Massa puede parecer hoy el gran ganador. La reforma del Código Penal puede parecer hoy la gran derrotada. Cristina Fernández puede haber quedado debilitada por el golpe que le propinó su ex Jefe de Gabinete. Pero la lucha política se juega todos los días. Todo esto puede cambiar. El Gobierno es especialista en carrera de fondo y largas distancia, las fuerzas de la oposición, de las cortas, que requieren piques rápidos.

 

Estamos a 3 pasos de que 20.000 presos recobren su liberad en cuestión de horas. La batalla no terminó. En realidad, la pelea por eliminar la reforma garantista de Eugenio Zaffaroni recién comienza. Por ahora, no hay nada que celebrar, salvo un buen comienzo.

lunes, enero 06, 2014

 

El ajuste ha llegado: por eso Cristina sigue en silencio

 

 (Sin Saco y Sin Corbata). La estrategia política-comunicacional del Gobierno para recuperar terreno perdido en las encuestas a imagen y gestión quedó clara esta semana cuando el Jefe de Gabinete, Jorge Milton Capitanich, anunció 204 objetivos y 272 metas para cumplir este año y cuando el Ministro de Economía, Axel Kicillof, presentó la lista de precios supuestamente congelados de 194 productos de la canasta básica alimentaria.

De esta forma, el “relato” ya no pasa por logros pasados, declaraciones ideológicas o marcar hitos fundantes, ahora, la realidad relatada por el kirchnerismo pasará por cuantificar el éxito o fracaso del séptimo año en el Gobierno de Cristina Fernández y preparar el terreno para la campaña presidencial del 2015, punteando supuestos logros.

Además, el objetivo de las nuevas listas paradigmáticas del Gobierno es infndir la sensación mensurable de éxitos y de combatir la inflación; cuando, en realidad, se usarán los 670 elementos para entretenernos de los verdaderos temas que impulsará Cristina Fernández, desde su semiretiro.

Buenas intenciones, promesa vanas, objetivos y metas que ya figuran en el Presupuesto 2014 (pero fueron ajustadas), precios que tienen hasta 200 por ciento de aumento con respecto a la última lista que dio a conocer Guillermo Moreno, tareas que ya se conocían y maniobras de marketing electoral (como el reparto de computadoras a los adolescentes con edad de votas), todo fue incluido entre las anuncios del Jefe de Gabinete, Jorge Milton Capitanich.

En realidad, los 3 listados son lo más parecido a un programa de Gobierno que tiene una gestión kirchnerista desde que llegó al poder en 2003, un indicador más del deterioro y pérdida de raíces que tiene el cristinismo talibán, hoy encerrado en ideologismos más que en una plan de trabajo que soluciones problemas reales.

Y quienes conocen a Jorge Milton Capitanich afirman que, casi con seguridad, en cada conferencia de prensa, el Jefe de Gabinete destacará cada objetivo que se alcance, cada meta que se supere. Algo así como una lista de compra de supermercado, donde lo importante siempre lo dejamos afuera, pero que debemos realizar para no olvidar comprar el papel higiénico, los guantes para lavar los platos o la lata de paté que comeremos seis meses más tarde.

Inseguridad, inflación, falta de inversiones, destrucción de puestos de trabajo, tarifas atrasadas, incesante aumento del gasto público, caída del poder adquisitivo de las familias, pérdida de rentabilidad y competitividad de las empresas, reducción de la participación de los productos exportables argentinos en el mundo, suba de la conflictividad gremial o falta de inversiones en infraestructura no aparecen entre los 476 metas y objetivos. Y menos en la lista de precios congelados.

Sin duda es meritorio haber repatriado 1.000 científicos e investigadores argentinos que estaban radicados en el exterior, pero eso no soluciona los cortes de luz. Realizar 55 misiones comerciales al exterior no sirve para nada si el peso ha perdido su competitividad con el dólar, el real o el euro. Si vamos a encarar 10 misiones políticas a países del África Subsahariana y Asia como fuimos a Angola, con medias que digan “Clarín Miente”, no vamos a conseguir exportar ni una tonelada de productos argentinos. Hoy, tenemos inmensos problemas comerciales con Brasil, pese al resultado favorable de la balanza comercial para los brasileños, eso no se arregla con misiones comerciales a África o al Asia musulmana. Todo será una puesta en escena, ni más, ni menos.

Más allá que nadie en el Gobierno sabe indicar cuál es la diferencia entre “objetivos” y “metas”, si se usan los datos del INdEC para los indicadores sociales, fácil será obtener logros. Sin embargo, seguirán siendo ocultados 11 millones de indigentes y pobres, los millones de desempleados o subempleados y los sueldos le ganarán a la inflación sólo en un gráfico que publique Télam. Aún hoy, el Gobierno dice que una familia debe comer por menos de $7 diarios. Así, una fantasía será usada para sostener otra fantasía que será el cimiento de una 3ra. fantasía.

Desde hace 6 meses el consumo muestra signos de caída. La inflación ha horadado el poder de compra de las familias. La solución del Gobierno es anunciar que quitará el subsidios en la luz, el agua y el gas; aumentar los pasajes de trenes y colectivos y se anunciarán cambios en Bienes Personales e IVA, lo que implica un nuevo ajuste fiscal, cuando la presión impositiva alcanza el récord histórico absoluto.

Ante eso, las provincias ajustan sus impuestos inmobiliarios y los municipios suben sus cargas fiscales locales. Los colegios suben sus matrículas, un piso de 25%; lo mismo que la medicina prepaga; también los peajes y el estacionamiento. Es un tsunami para los bolsillos familiares que deben elegir un melón, un kilo de helado o un kilo de lomo, que tienen el mismo precio, mostrando la enorme distorsión de precios que hay hoy en la economía argentina. Algo que no aparece entre las metas y objetivos.

Y el dinero no alcanza para los políticos. Hoy, media docena de provincias, no sabe cómo pagar el ajuste prometido a las fuerzas policiales y corren el riesgo de sufrir nuevos levantamientos. Unos gobernadores piensan en emitir bonos, otros en subir impuestos, algunos pide ayuda a una Casa Rosada que no quiere darle un solo peso más del que le corresponde. Todos pelean por su caja y nosotros somos sus únicas fuentes seguras y pacíficas de financiación. Y allí van, a lo fácil.

El ajuste ha llegado. Puede tener nombre de objetivos, de metas, de “modificaciones en los criterios valuatorios”, de listas de precios “acordados”. Los eufemismos no ocultan que el Gobierno repite la fórmula que ha expuesto 10 veces desde 2003 y 10 veces ha fracasado. Entonces entramos al terreno que más le gusta a la Casa Rosada: discutir alrededor del “relato”, mientras las acciones políticas van por atrás, su poder político crece y la oposición queda enredada en denuncias mediáticas.

Acabados los cortes de luz, el Gobierno encara 2014 como si nada hubiese pasado. La revuelta policial, los saqueos y la crisis energética ya es parte del “relato” opositor. Conservan el poder y encaran un año para recuperar el terreno perdido. Así es la mentalidad kirchnerista, busca siempre la revancha, constantemente piensan en el poder como variable y construyen con acción política y marketing electoral.

Mientras tanto, la oposición recorre las playas, da entrevistas a los diarios sentados en carpas que valen $600 diarios, construyen sus candidaturas diciendo que no están pensando en candidaturas y emiten frases más o menos grandilocuentes que les permitan tener una tapa en una edición dominical. Es fácil notar la diferencia con el kirchnerismo.

El Gobierno de Cristina Fernández se prepara para dejar su huella en la estructura legal argentina. Si bien el año pasado fracasó en imponer 5 de 6 grandes modificaciones estructurales sobre el Poder Judicial y las elecciones de octubre hundieron cualquier intento de modificar la Constitución Nacional, la Casa Rosada pretende aprobar en el Congreso el nuevo código Civil y Comercial Unificado, el peculiar Código Penal redactado por Eugenio Zaffaroni (que libera delincuentes si atacan personas con mayor poder adquisitivo que ellos), avanzará en la aprobación del primer Código Contencioso Administrativo Federal (donde el funcionario público será liberado de todas sus responsabilidades); el primer Digesto Jurídico que no sabemos cuáles leyes serán “desaparecidas”; y una nueva Ley Orgánica del Servicio Penitenciario Federal que tiene una impronta garantista que coloca a los presos casi en el rol de víctimas. Y para hacer frente a esto no hay quórum opositor en el Senado y 38 bloques, contra 1, en Diputados.

Detrás de la inmensa imagen de fortaleza, el kirchnerismo está debilitado en su coraza externa, pero también, en su estructura interna. Jorge Milton Capitanich y Axel Kicillof se encargan de resucitar el “relato”, pero la tarea que parece más difícil de encarar es organizar y unir una larga colección de colectivos políticos que no pudieron hacerlo en dos años. En la Casa Rosada cree que, ante el sacudón que causó la derrota de Octubre y la amenaza de un fracaso en el 2015, quizás, se logren las metas que reclama casi con desesperación Cristina Fernández.

De allí la necesidad que tiene el Gobierno de pelear por temas que devuelvan la épica en 2014 al kirchnerismo. Habrá estatizaciones, confiscaciones y quitas de concesiones; ataques a las grupos mediáticos (ahora, La Nación parece ser el nuevo blanco del oficialismo), empresas que serán acorraladas (no es casual que el año comience con la AFIP acusando a Nidera de contrabando de trigo o a la Comisión Nacional de Valores frenando la oferta de compra de Brasken sobre Indupa) y la pelea contra los sindicatos no será menor (en especial, ante las grandes demandas de aumentos de sueldos que habrá en las paritarias que comienzan en febrero).

Sin embargo, hay hechos que el Gobierno y el kirchnerismo no pueden ignorar: la ausencia de Cristina Fernández, pese a que se asegura que está completamente recuperada de sus problemas de salud; la decisión presidencial de no presentarse a ninguna candidatura, para ningún cargo, en 2015, lo que abrió un proceso sucesorio silencioso en las entrañas kirchneristas; el temor creciente a una revuelta dentro del peronismo que produzca un proceso de trasvasamiento masivo hacia el sciolismo o el massismo y el internismo, que ya no se pude ocultar dentro del Gabinete.

Con 204 objetivos, 272 metas y 194 productos congelados el cristinismo talibán no puede suplir la ausencia de liderazgo y conducción. Un tipo de “Juego de la Oca” del marketing político no sirve para ocultar que el Gobierno perdió las elecciones de Octubre y que el peronismo bonaerense frenó el intento de La Cámpora por controlar el Partido Justicialista provincial o para ocultar que el massismo y el sciolismo se lanzaron a crear estructuras políticas propias e independientes, con claros objetivos presidenciales; ni que “Unidos y Organizados” es sólo el fantasma de una agrupación integrada (hoy, ante la decadencia presidencial, todos sus colectivos comienzan a jugar políticamente sus proyectos propios.)

Comienza 2014 y tenemos que tener en claro que extrañaremos el 2013. Será un año duro, será un año clave para definir el futuro. El Gobierno será una máquina de hacer, lo que no asegura que alcancen sus objetivos. Si bien Cristina Fernández está ausente, aún no aparece un proyecto alternativo en el horizonte. El recambio no está asegurado.

Sin duda, el 2014 será también el año donde las fuerzas opositoras deberán demostrar que son proyectos políticos serios o simple demostraciones de egos enormes que prefieren saltar de programa de TV a programa de TV antes de buscar, en serio, tomar el poder, por las urnas.

Al Gobierno le falta mucho para estar herido de muerte. A la oposición le falta mucho más para ser una alternativa política aceptable. Después de un 2013 eterno, con un diciembre que pareció durar cuatro meses, viene un 2014 que, casi con seguridad, no será muy diferente. Superar esta etapa será un enorme desafío, pero ya estamos acostumbrados… Feliz 2014. Y recuerden, lo peor, lo peor está por venir!!

lunes, septiembre 09, 2013

 
Temor, ansiedad, improvisación
"La gente no votó en las PASO pidiendo cambios para no cambiar, medidas engañosas o giros que no son tales. El voto opositor, 76% de los sufragios, exige otro modelo. Con reformas estéticas, no alcanza. Pero la oposición no debe “dormirse en los laureles”. Para Octubre falta mucho y, mientras muchos “hacen la plancha” suponiendo un resultado electoral inconmovible, Cristina Fernández sigue peleando por su supervivencia política. Por suerte, por ahora, no deja de equivocarse. Sólo por ahora…"

Temor, ansiedad, improvisación. Ese es el clima que se vive en el cristinismo ortodoxo ante las encuestas que circulan dentro de la Casa Rosada y que confirman un virtual congelamiento de la intención de voto del candidato oficialista Martín Insaurralde, y el lento, pero mantenido, crecimiento del nuevo enemigo público Nº 1 de Cristina Fernández, Sergio Massa.

Luego de más de 10 años en el poder, queda en claro que el kirchnerismo, cuando se encuentra acosado y quiere improvisar, no deja de cometer errores y muestra sus flancos más débiles. Y eso es lo que está ocurriendo con Cristina Fernández que, en menos de un mes, viene demoliendo el relato, la mística y el marketing político que construyeron con tanto esfuerzo desde antes de la muerte de Néstor Kirchner.

Es cierto que muchos anuncio que se realizan son para que aparezcan en los diarios, pero no se llevan a cabo (como el supuesto pago de los fallos en contra recibidos en el organismo multilateral de diferendos y arbitraje CIADI); y que algunas medidas son de cortísimo plazo (tal como los gendarmes en la Provincia de Buenos Aires, que se quedarán 45 días; o el cese del Mínimo no Imponible, que es sólo hasta fin de año). Improvisación y cortoplacismo para recuperar votos es la táctica. Cambiar algo, para no cambiar nada, es la estrategia.

De esta forma, la mutación estética del cristinismo talibán construye nuevos mitos para enfrentar el drenaje de votos. La Casa Rosada quiso exhibir a Martín Insaurralde como un modelo de administrador entre los Barones del Conurbano. Ahora, Daniel Scioli quiere convencer a todos que Alejandro Granados es un ejemplo de gestión de la seguridad entre los municipios bonaerenses.

Sin embargo, ni Lomas de Zamora es un country club ni Ezeiza es un páramo de pacifistas. Si bien los Barones del Conurbano han mostrado tener un mayor control del aparato electoral que los colectivos sociales y clientelares que financia la Casa Rosada, lejos están de ser un modelo de urbanismo y trato hacia el vecino. Arrastran votos, es cierto; pero ellos son responsables de la virtual africanización del Gran Buenos Aires, cómplices del estallido de los asentamientos urbanos y villas y están inmersos en profundas sospechas de ser socios de la inseguridad que sacude sus propios municipios.

¿Alguien en La Plata se puso a pensar en lo peligroso que es que un Barón del Conurbano controle a la Policía de la Provincia de Buenos Aires? Los intendentes “pesados” ya tienen los votos. ¿Ahora van a tener los “fierros”? Ya hubo varios intentos de feudalizar la seguridad bonaerense y, cada cambio que se instrumentó, implicó un nuevo retroceso en la seguridad de los vecinos que se promete proteger. 

Imputabilidad

Alejandro Granados promete “miles, miles y miles de cámaras de seguridad”, sin contarle al vecino que detrás de cada cámara hay un gran negocio controlado por empresarios que son pilares del kirchnerismo. Daniel Scioli promete 6.000 policías más al año en la calle, pero no nos dice qué podrá impedir que esos nuevos efectivos salgan de los mismos lugares que crean y albergan a los delincuentes. Sólo instrumentalismo, sin soluciones.

La Provincia de Buenos Aires se ha convertido en tierra inmanejable para muchos de sus autoridades, territorio que define las elecciones nacionales, albergue de la mayor masa de pobres e indigentes del país, dominio de empleados públicos, espacio de competencia de poder y maquina devoradora de fondos públicos. Y su crisis financiera en 2001, se llevó puesto al gobierno de un acosado y debilitado Fernando de la Rúa.

Pero la elección de Alejandro Granados como nuevo ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires es algo anecdótico al lado del reconocimiento del fracaso en la política de seguridad que implican los cambios realizados por Daniel Scioli. Después de 6 años de gestión, todos los intentos del Gobernador bonaerense por revertir los problemas de inseguridad han resultado un fiasco, pero el ex vicepresidente de la Nación (Juan Gabriel Mariotto) se hace el distraído: ¿con ese antecedente quiere encarar su candidatura hacia la Casa Rosada en 2014? 


Otra de las improvisaciones de la campaña cristinista es el tema de la baja en la edad de imputabilidad. A la Casa Rosada no le preocupa borrar con el codo 10 años de declaraciones, discursos y propaganda con tal de hace subir 2 puntos en las encuestas a Martín Insaurralde. Así, uno de los “dogmas de fe kirchnerista” se deshilacha sin más, para furia de los puristas de izquierda que creyeron en la ficción oficialista todo este tiempo.

Para redoblar la apuesta, el kirchnerismo habla de bajar la imputabilidad a los 14 años, cuando los 5 proyectos opositores que esperan ser tratados en el Congreso fijan los 16 años.Así ocurre con los conversos, exageran las posiciones, se radicalizan, sobre actúan y no temen usar en un sentido, cuando hasta hace poco, lo hicieron en el sentido contrario a los mismos protagonistas. ¿Acaso es una venganza de la Casa Rosada que apostó por el voto joven y los jóvenes le fueron esquivos o se volcaron hacia la izquierda en las urnas durante las PAS0? Si es verdad, es perverso.  

Fiasco en Corrientes y militares metalúrgicos

En tren de cometer errores, la Casa Rosada nacionalizó la elección que habrá la semana que viene en la provincia de Corrientes para designar un nuevo gobernador y autoridades locales. Incluso, Cristina Fernández ordenó a todo los gobernadores peronistas apoyar al candidato oficial.

Sin embargo, ahora que las encuestas muestran que el postulante radical, Ricardo Colombi, supera al “delfín” presidencial, 'Camau' Espínola, la Casa Rosada no sabe cómo despegar a la Presidente de la Nación del candidato que podría perder la votación. Otra obstinación presidencial que sale mal. Otro error infantil. Y van…

Pero así es el cristinismo: tenaz en lo político, incapaz de reconocer errores e instrumentando soluciones que no son tales.

En tanto, el Ejército, que fue reducido a su mínima expresión como fuerza militar, eliminado como corporación política, destrozada su imagen y borrada su orgullosa historia, se convertirá en un grupo de metalúrgicos destinado a construir vagones y renovar vías, tal como si fueran una empresa del Grupo Cirgliano.

A propósito: en un comienzo, el Gobierno dijo “más Estado”. Ahora, la Casa Rosada propone la idea del “Estado empresario”. Néstor Kirchner renovó el negocio de los trenes a 4 grupos, según la concesión otorgada por Carlos Menem y Domingo Cavallo (Roggio/Metrovías, Cirigliano/TBA, Romero/Ferrovías y Taselli/El Metropolitana). Más tarde fue erosionándolos, y Cristina Fernández mantuvo la proa. En 2013, ella coloca al Ejército en su reemplazo y, en medio del cepo importador, compra al exterior cientos de vagones sin licitación, sin estudios previos, sin consultar a especialistas. Después, que los trenes choquen o descarrilen no es una causalidad, es la consecuencia de 10 años de incoherencia, negocios y apuros electorales.

Destruyendo el ambiente de negocios

Otra. La Comisión Nacional de Valores se subroga el poder de ingresar a las reuniones de directorio de las empresas cotizantes, poniendo en riesgo el necesario secreto empresario que requiere el desarrollo de la actividad comercial de las grandes compañías y bancos. Así, el mismo Gobierno que no informa sus actividades, ni sus planes, ni responde a los pedidos de informes, ni legisla sobre transparencia, ahoga a los organismos de control y no permite discutir sus medidas, resulta que reclama un poder que va más allá de las intenciones iniciales de la Ley de Mercado de Capitales que tanto aplaudieron la Bolsa de Comercio y el Mercado de Valores de Buenos Aires. 

Perdura la idea en el oficialismo que un militante de La Cámpora es más eficiente que un banquero o cualquier ejecutivo, o se cree que en los directorios se amasan supuestos planes golpes de Estado corporativos. El relato los ha penetrado tanto que se lo han creído y, tal como es el caso de Luis D´Elia, inventan fantasmas en los cuales más tarde creen.

Pero nada es inocente. Cada vez que el Gobierno lanza una medida afirmando que responde al reclamo de los ciudadanos, termina sumando una cuota más de poder u obtiene un nuevo mecanismo de financiación. Por ejemplo, congela el Mínimo no Imponible por 6 meses y, a cambio, obtiene 2 nuevos impuestos. En los mercado de capitales faltaba una nueva legislación, el Estado se arroga una serie de facultades que termina por intervenir a cotizantes, operadores y mercados y hace que sea más difícil obtener financiamiento por ese camino. Justo lo contrario que buscaba.

Se declama un fin y no se consigue, entonces, se crea otro anuncio “superador” que termina por ser un nuevo fracaso. En 2011, para reactivar la construcción se lanzó el Plan Pro.Cre.AR. No funcionó. Sólo el Estado financia esa operatoria, y con el Estado no alcanza. Luego se presentaron los “créditos productivos” y la mayoría nunca fue a la producción sino a financiar consumos. Se anunciaron los CEDINES y resultan un fiasco. El repetido congelamiento de precios genera una distorsión de precios de tal nivel que sólo se recuerda algo igual en 1975.

En Twitter, la periodista Julieta Tarres, a través de la cuenta @bajo consumo, reseña algunas de las distorsiones de precios que se verifican en el mercado: 

> es más cara la gaseosa que el vino,

> las frutas secas son más caras que el salmón,

> las empanadas son más caras que los choripanes, 

> la leche que la cerveza, 

> el queso que el jamón, 

> el tomate que el asado, 

> el pan que la manteca,

> la ensalada que la milanesa, 

> el té que el café, 

> el kilo de helado que el de sándwiches de miga, 

> un lavado de auto que 48 horas de estacionamiento, 

> un par de zapatillas que uno de zapatos, 

> 20 piezas de sushi que una banqueta de diseño, 

> 1 sweter que 1 mesa ratona, y 

> 1 docena de rosas que 1 mes de Wi-Fi.

¿Cuánto cuesta cenar en Tecnópolis?

Si bien algunas comparaciones son en supermercados, otros en bares y otros entre comercios de diversos rubros, en el fondo, la enumeración muestra la huella de años de un Secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, frenando un aumento y autorizando otros, permitiendo algunas importaciones y congelando otras; es decir, ejerciendo el poder de policía del funcionario público con displicencia, antojadizamente.

Es cierto que el superávit comercial creció, pero fue usado para importar más combustible a precio exorbitante. 

En el fondo, al Gobierno de Cristina Fernández no le interesa que bajaron las ventas a casi todos los socios comerciales de la Argentina, que el país sufre 42 demandas ante el CIADI o que se deben enfrentar 40 quejas en la Organización Mundial de Comercio. Con estos antecedentes, la Presidente de la Nación va al G20 y reclama a las naciones desarrolladas el fin de proteccionismo. Cínico.


Incluso, en pocos días más, en Tecnópolis,
 “Lassie” Moreno reunirá  a los empresarios a una cena con la Presidente de la Nación con la excusa de celebrar el Día de la Industria, cuando en verdad, será un apoyo electoral al Gobierno y para anuncia la fusión entre la Confederación General Económica y la Confederación General Económica de la República Argentina, 2 organizaciones controladas por el funcionario. Los concurrentes deberán pagar $1.000. ¿Cómo se almuerza en la Casa Rosada por $5 y se cena en Tecnópolis por $1.000? ¿Es recaudación de fondos para la campaña disfrazada de acto oficial?

En medio de tantos problemas reales, no es necesario hablar del “círculo negro” vs. ”círculo rojo” o de la histórica frase “The letter is the Pope?”. Los hechos, hablan por sí mismo. Mientras Cristina Fernández asegura que obligó al G20 a cambiar la denominación “paraísos fiscales” o la Argentina presenta sus apelaciones en Nueva York repitiendo argumentos que ya fueron rechazados por la Justicia estadounidense en 4 oportunidades, el juez Thomas Griesa ordena buscar bienes de posibles 'alter ego' del Estado para embargarlos. Esos son hechos, no palabras.

Sergio Massa no es un líder carismático. No construye su poder por la fuerza de su propuesta o personalidad. No es un emergente fenomenológico de la política argentina. Simplemente es el primero que se animó, en serio, a patear el tablero cristinista desde adentro. Es el primero que le dice al peronismo que se puede volver a tener el poder sin la intermediación de mediocres funcionarios kirchneristas.

Mientras la Casa Rosada improvisa, se contradice y destroza su relato; Sergio Massa construye una opción, quizás, la primera opción real que aparece en el horizonte de disputarle el poder a Cristina Fernández. Con mucho marketing político, con algunas acciones políticas pequeñas, pero inteligentes; paso a paso, lanzando temas que obligan al Gobierno a salir corriendo detrás, se aleja de Martín Insaurralde.


La gente no votó en las PASO pidiendo cambios para no cambiar, medidas engañosas  o giros que no son tales. El voto opositor, 76% de los sufragios, exige otro modelo. Con reformas estéticas, no alcanza. Pero la oposición no debe “dormirse en los laureles”. Para Octubre falta mucho y, mientras muchos “hacen la plancha” suponiendo un resultado electoral inconmovible, Cristina Fernández sigue peleando por su supervivencia política. Por suerte, por ahora, no deja de equivocarse. Sólo por ahora…

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