lunes, noviembre 12, 2007
Los diálogos más sabrosos de las "Charlas de Quincho"
Presentamos en forma abreviada este clásico espacio peridístico creado por el diario Ámbito Financiero.
* Más de 150 hombres y ninguna mujer. Casi una deformación del poema de Fernández Moreno sobre los balcones. Cumpleaños doble (Ignacio Gutiérrez Zaldívar, 56; Juan Carlos Bagó, 67) en la famosa casa Castañón de los hermanos Guerrieri, en el Bajo Flores, con un cóctel previo cargado de exquisiteces sirias, afrodisíacas según algunos, pero de inservibles consecuencias ya que la velada siguió hasta la madrugada sin la incorporación de un solo elemento femenino (salvo una cantante de mínimo cuerpo y afilada voz que entonó lunfardos tangos que alguna vez popularizara Edmundo Rivero), cargada de comida y con la embriaguez de un denso Malbec premiado como uno de los 5 mejores del mundo en un último certamen. El vasto elenco festejante era encabezado por Mauricio Macri, Fernando de la Rúa, Eduardo Menem, el gobernador chubutense Mario Das Neves (cauto en sus reflexiones de que había sacado más de 10% de los votos, 75%, que Cristina de Kirchner en su provincia), Jorge Triaca y el embajador saliente en Washington, José Octavio Bordón. Para seguir con los Fernández Moreno (finalmente, padre e hijos vivieron cerca de esa casa), argentinos hasta la muerte, tango, asado, caballos y letanía individual sobre otros tiempos, siempre mejores, como la vida. * Empezó la recepción en una sala casi de club inglés, con cuadros de Zurbarán, desfilando bandejas de mariscos varios y empanados, sazonados y picantes, más delicias árabes en bocaditos y canapés, canilla libre para sedientos, unos codiciando datos de políticos y empresarios, otros reclamando datos de un grupo de jockeys encabezados por Jorge Valdivieso -tal vez el más reputado de la actualidad- responsables de haber sacado de la sequía a los cumpleañeros en las últimas dos semanas. Macri explicando lo que todavía no puede explicar (su futura gestión como intendente), más preciso y confiado en su continuidad boquense con dos listas mientras admitía que, si no hay milagros, el campeonato se lo llevará Lanús (justo, curiosidad política, cuando a Manuel Quindimil lo borraron de la política). Ni una palabra de la designación de Hernán Lombardi como encargado de Cultura de la Ciudad, hombre sin demasiados pergaminos en el rubro -seguramente lo rodeará un consejo de notables- al que apelaron para evitar nuevos sinsabores y defenestraciones (lo mencionan como vinculado a distintos pastores evangelistas, dueño de los derechos del seleccionado de básquet y allegado al por ahora único hotel gay de Buenos Aires). Jamás imaginó Macri, claro, que esa cartera significaba tanto para los porteños o, más exactamente, para los porteños que participan del negocio de la cultura. Da lo mismo un reo que un gran profesor. * En el raid iconoclasta de una punta a la otra del ambigú uno recogía impresiones: ¿Cómo está Miguel Peirano, el ministro de Economía? Para algunos, «se le saltó la térmica» al insinuar que él podía condicionar su permanencia: seguirá, decían, pero sin manejar Hacienda, Agricultura y, mucho menos, Comercio Exterior. Se equivocó en el mensaje al matrimonio, ya escaldado con otro condicionamiento superior (el de Alberto Fernández), el medio elegido (una voz del monopolio) y, sobre todo, con las relaciones profundas con Mercedes Marcó del Pont, quien por gozar de simpatías de Cristina imagina que puede barrer la casa. Si hasta le pueden sacar de órbita al ministro a Leila Nazer, su mujer en Industria, el área por él más custodiada (no olvidar que viene de la UIA). Tanto estupor hubo en la primera línea del gobierno con la operación Peirano, afirmaban, que hasta se pensó en rozarlo por presuntos intereses en la compra y venta de jugadores de fútbol. ¿O acaso en su equipo no hay gente vinculada a un club de Avellaneda, a porcentajes propios sobre el goleador del año, el delantero Denis? Para ayudar a entender este diálogo con especialistas. Mientras, había un De la Rúa entusiasta porque lo habían apartado de una causa judicial, aunque de nuevo lo mortificaban con la de las coimas en el Senado (esa mañana había declarado nuevamente, diciendo que su ex colaborador Mario Pontaquarto había mentido). Un vecino al corrillo planteaba: si lo castigan a De la Rúa, ¿se investigará a otros senadores que no figuran en la lista de comprometidos pero que lo están hasta las narices? Su reflexión apuntaba a que el caso, impulsado según él por ciertos funcionarios oficiales, obviamente se ha distraído de otros legisladores afines hoy al gobierno y en distintos cargos que también -si fuera cierta la versión Pontaquarto- participaron en ese famoso proceso que inició Carlos Chacho Alvarez con la frustrada intención de suplantar a De la Rúa. Si la Justicia -que este año, en materia de jueces y camaristas, tendrá grandes cambios- se olvida de ellos, alguien se los hará recordar. Todos manoseados, los magistrados también, en el mismo lodo. * Podía Bernardo Neustadt, bien fashion de negro con camisa rayada y corbata al tono, animadísimo como si hubiera bebido por primera vez, recordar versos discepolianos. O Jorge Asís, quien no mostraba marcas de la derrota electoral con Jorge Sobisch, y en todo caso prefería -junto a Enrique Llamas de Madariaga- recordar un viaje que juntos habían hecho a una tierra casi santa donde todavía quedan registros del arameo. Viaje de reconversión espiritual para los dos sabandijas, seguramente, quienes comentaban la curiosidad de que esa lengua muerta que hablaba Jesucristo es tan limitada en palabras que, para decir televisión, en lugar de utilizar la denominación explican el significado como caja luminosa, con imágenes y sonido, conectada eléctricamente, etcétera. Ejemplo que, según le habían confesado expertos, justificaba el mensaje del Señor cargado siempre de parábolas. Tanta unción religiosa y lingüística imaginaba que ambos, en ese periplo, habían purgado sus desaguisados previos. Y si no fue así, esa noche olvidaban todo con champagne. Para el Cambalache, en otra mesa, mencionaban el nombre de Jorge Pérez Mancebo -un ex funcionario de PDVSA- como reemplazante probable de las tareas lícitas que realizaba Antonini Wilson, aquel «señor de las valijas» (de los 800 mil dólares que le incautaron en el aeropuerto) cuya comparecencia judicial parece olvidada, y de quien de sus reiterados pasos por Buenos Aires se recuerdan las suculentas facturas que pagaba en un hotel 5 estrellas de la calle Arroyo y sus vínculos con un sector connotado del gobierno. * Motivo del cumpleaños, que siguió con helado, pan dulce y una gigantesca torta de chocolate, confesando aparte el segundo de Carlos Stornelli en la seguridad bonaerense de Daniel Scioli (el todavía fiscal Martín López Perrando, a quienes sus amigos le dicen «Narrando» por su capacidad discursiva) que la nueva política en el sector difiere, claro, de la que emprendió León Arslanian. Y que habrá muchos cambios. No anticipó nada, tampoco el «Pilo» Bordón sobre su futuro; apenas si dijo que Kirchner le había reconocido el trabajo en la embajada y que, bajo ningún aspecto, haría comentarios sobre la publicada información de que Héctor Timerman dirigió un diario, en los 70, al servicio de los militares de entonces. «No quiero decir nada sobre eso, sólo voy a arreglar mis cuentas en la Cancillería», como si fuera un tanguero resignado personificaba al que evitaría hacer escarnio sobre quienes habían hecho escarnio sobre él. Menuda singularidad que atentamente observaban algunos empresarios farmacéuticos, como Alejandro Roemmers, Luis Gold, Gustavo Serra y Daniel Sielecki, alguien vinculado precisamente a Timerman. Pero ellos sólo parecían preocupados por otra cuestión: cómo compran nuevos laboratorios, concentran el negocio; negocio que, por otra parte, si es de unos pocos, será aún mucho más rentable. * De estreno. Así se consideraba Cristiano Rattazzi, titular de Fiat, recién salido de la vida en pareja (con una pimpante entrenadora y versátil uruguaya), traumatismo menor después de tantos años, al menos según declaraba en la fiesta de cumpleaños de Jorge Pereyra de Olazábal, en su piso de la calle Quintana. «Estoy bien, tranquilo, se terminó hace unos pocos días, voy a estar mejor», confiaba a los amigos, una lista en común que compartía con el dueño de casa, y entre los que se encontraban Jorge Aufiero, Carlos Fontán Balestra, Alejandro Estrada, Roberto Dvorik, Juan Pablo Maglier, Ricardo Fiorito, Germán Neuss, Miguel de Godoy, Julio Macchi, Mariano Grondona y el padre Guillermo Marcó. Casi todos con mujeres, salvo el cura y el ahora solitario Rattazzi, encargados de vaciar bandejas de bocaditos y, luego, una ratatouille con polenta y pollo, especialidad de Sarita, la esposa del anfitrión (lo mejor, sin embargo, fue la variedad de postres, gamas diferentes de chocolates, blanco, amargo, común). De los diálogos del corazón a la realidad política, a quién confirmará Cristina de Kirchner en el gabinete. Por ahora, explicó un conocedor, al único que le dijeron que continúa en el cargo es a Eduardo Luis Duhalde, titular de la Secretaría de Derechos Humanos. Se lo confiaron el día en que el Presidente ordenó -luego de 4 años y medio- que los militares ubicaran el cadáver del jefe del ERP, Mario Roberto Santucho. A propósito de esa información, se cruzaron diálogos: ¿Lo van a buscar con un scanner?, preguntó con solvencia un infidente. ¿Hay scanner de restos humanos?, se interrogó con sorpresa uno de los asistentes. Y el primer pícaro añadió: «Sí, lo tiene el gobierno, lo compró en su momento el ministro Aníbal Fernández, cuando imaginaron en la obsesiva búsqueda de huesos que en el hormigón y en el subsuelo de un edificio que perteneció al Ejército -vendido en su momento a una empresa constructora- existía la posibilidad de que hubieran escondido desaparecidos de la subversión». No se encontró nada, tal vez ahora pueda servir el artefacto, aunque ya hubo por lo menos dos movilizaciones de tierras en cuarteles en búsqueda de Santucho. Entonces, sólo confirmado Duhalde por ahora, y también informaciones relativas a su área: mayor presión para encarcelar militares de la década del 70 y algún colateral como el ex comisario Luis Patti: para el informante, es un plazo fijo esta detención. * El diseñador de moda Dvorik estaba en otro tema, invitaba a ver el film -a no estrenarse en la Argentina- «Lejos de ella», una producción norteamericana con Julie Christie que narra la condición física y anímica de un matrimonio de viejos. Afirmaba que era un logro. La hija de Amalia Lacroze de Fortabat, mientras, pasaba la gorra para la cena anual que organiza para la Policía Federal y juraba no saber nada de un traslado de esa dependencia. ¿A la Capital Federal, como pide Mauricio Macri? No, revelaba el infidente de turno: tal vez cambien la jurisdicción y la Policía, con el nuevo gobierno, en lugar de seguir en Interior pase a depender del Ministerio de Justicia. Desorientación general con el dato. Grondona, uno de los últimos en llegar, hablaba todavía de las elecciones y, gracioso consigo mismo, reconocía que la mayor parte de los invitados a su programa apenas si lograron más del uno por ciento de los votos. * Otra reunión, más doméstica, un quincho del propio diario pero en los salones del Hotel Emperador. Se festejaba un aniversario de la edición de Ambito Nacional, una sección que decidió implementar Julio Ramos y que observa continuidad creciente para conocer la vida de las provincias, un espacio desconocido habitualmente por los porteños. Un evento sin discriminaciones para la invitación y, sobre todo, que tampoco supo de discriminaciones a la hora de asistir. De modo que en el mismo espacio se reunían Eduardo Menem con el gobernador José Alperovich, Alberto Rodríguez Saá con el intendente «devidista» Julio Pereyra, más el abrazo protector de Daniel Scioli, acompañado en la ocasión por la futura ministra Débora Giorgi. Cordialidad extrema entre los presentes, buen gusto en las bromas partidarias y Rodríguez Saá asegurando que no aceptará la normalización del Partido Justicialista que piensa instrumentar Néstor Kirchner. «Si nos trataron así en la elección, en la interna nos van a moler a palos. Entonces, para evitar la golpiza, vamos a crear el Frejuli como partido nuevo y este mismo verano empezamos a afiliar». Junto con ese dato, la pregunta: ¿ seguirá María Servini de Cubría como responsable electoral? Para unos cuantos conocedores, ella se retira y le deja el cargo a otro magistrado federal. Música para los oídos, claro, de Rodríguez Saá, quien con buen humor hablaba de fraude. De otros años, obvio, de otras provincias. Y contaba cuando un juez lo fue a ver a Vicente Saadi unos días después de unos comicios y, con cautela, le dijo: «Mire, don Vicente, quería hablar de la elección». «Bueno -le respondió aquel gobernador-, diga.» Más cuidadoso, el juez repitió lo de elección sin agregar más nada, lo que generó cierta rabia en Saadi. «¿Qué quiere decir? ¡Pregunte!». Entonces, el interlocutor judicial dijo: «Mire, sucede que hay mesas con 900 inscriptos en las que se contaron 1.300 votos. Es un caso anómalo». A lo que Saadi, más ofendido, le replicó: «¿Y usted qué quiere, pronunciarse contra la voluntad de las urnas, contra lo que la gente votó?».
Presentamos en forma abreviada este clásico espacio peridístico creado por el diario Ámbito Financiero.
* Más de 150 hombres y ninguna mujer. Casi una deformación del poema de Fernández Moreno sobre los balcones. Cumpleaños doble (Ignacio Gutiérrez Zaldívar, 56; Juan Carlos Bagó, 67) en la famosa casa Castañón de los hermanos Guerrieri, en el Bajo Flores, con un cóctel previo cargado de exquisiteces sirias, afrodisíacas según algunos, pero de inservibles consecuencias ya que la velada siguió hasta la madrugada sin la incorporación de un solo elemento femenino (salvo una cantante de mínimo cuerpo y afilada voz que entonó lunfardos tangos que alguna vez popularizara Edmundo Rivero), cargada de comida y con la embriaguez de un denso Malbec premiado como uno de los 5 mejores del mundo en un último certamen. El vasto elenco festejante era encabezado por Mauricio Macri, Fernando de la Rúa, Eduardo Menem, el gobernador chubutense Mario Das Neves (cauto en sus reflexiones de que había sacado más de 10% de los votos, 75%, que Cristina de Kirchner en su provincia), Jorge Triaca y el embajador saliente en Washington, José Octavio Bordón. Para seguir con los Fernández Moreno (finalmente, padre e hijos vivieron cerca de esa casa), argentinos hasta la muerte, tango, asado, caballos y letanía individual sobre otros tiempos, siempre mejores, como la vida. * Empezó la recepción en una sala casi de club inglés, con cuadros de Zurbarán, desfilando bandejas de mariscos varios y empanados, sazonados y picantes, más delicias árabes en bocaditos y canapés, canilla libre para sedientos, unos codiciando datos de políticos y empresarios, otros reclamando datos de un grupo de jockeys encabezados por Jorge Valdivieso -tal vez el más reputado de la actualidad- responsables de haber sacado de la sequía a los cumpleañeros en las últimas dos semanas. Macri explicando lo que todavía no puede explicar (su futura gestión como intendente), más preciso y confiado en su continuidad boquense con dos listas mientras admitía que, si no hay milagros, el campeonato se lo llevará Lanús (justo, curiosidad política, cuando a Manuel Quindimil lo borraron de la política). Ni una palabra de la designación de Hernán Lombardi como encargado de Cultura de la Ciudad, hombre sin demasiados pergaminos en el rubro -seguramente lo rodeará un consejo de notables- al que apelaron para evitar nuevos sinsabores y defenestraciones (lo mencionan como vinculado a distintos pastores evangelistas, dueño de los derechos del seleccionado de básquet y allegado al por ahora único hotel gay de Buenos Aires). Jamás imaginó Macri, claro, que esa cartera significaba tanto para los porteños o, más exactamente, para los porteños que participan del negocio de la cultura. Da lo mismo un reo que un gran profesor. * En el raid iconoclasta de una punta a la otra del ambigú uno recogía impresiones: ¿Cómo está Miguel Peirano, el ministro de Economía? Para algunos, «se le saltó la térmica» al insinuar que él podía condicionar su permanencia: seguirá, decían, pero sin manejar Hacienda, Agricultura y, mucho menos, Comercio Exterior. Se equivocó en el mensaje al matrimonio, ya escaldado con otro condicionamiento superior (el de Alberto Fernández), el medio elegido (una voz del monopolio) y, sobre todo, con las relaciones profundas con Mercedes Marcó del Pont, quien por gozar de simpatías de Cristina imagina que puede barrer la casa. Si hasta le pueden sacar de órbita al ministro a Leila Nazer, su mujer en Industria, el área por él más custodiada (no olvidar que viene de la UIA). Tanto estupor hubo en la primera línea del gobierno con la operación Peirano, afirmaban, que hasta se pensó en rozarlo por presuntos intereses en la compra y venta de jugadores de fútbol. ¿O acaso en su equipo no hay gente vinculada a un club de Avellaneda, a porcentajes propios sobre el goleador del año, el delantero Denis? Para ayudar a entender este diálogo con especialistas. Mientras, había un De la Rúa entusiasta porque lo habían apartado de una causa judicial, aunque de nuevo lo mortificaban con la de las coimas en el Senado (esa mañana había declarado nuevamente, diciendo que su ex colaborador Mario Pontaquarto había mentido). Un vecino al corrillo planteaba: si lo castigan a De la Rúa, ¿se investigará a otros senadores que no figuran en la lista de comprometidos pero que lo están hasta las narices? Su reflexión apuntaba a que el caso, impulsado según él por ciertos funcionarios oficiales, obviamente se ha distraído de otros legisladores afines hoy al gobierno y en distintos cargos que también -si fuera cierta la versión Pontaquarto- participaron en ese famoso proceso que inició Carlos Chacho Alvarez con la frustrada intención de suplantar a De la Rúa. Si la Justicia -que este año, en materia de jueces y camaristas, tendrá grandes cambios- se olvida de ellos, alguien se los hará recordar. Todos manoseados, los magistrados también, en el mismo lodo. * Podía Bernardo Neustadt, bien fashion de negro con camisa rayada y corbata al tono, animadísimo como si hubiera bebido por primera vez, recordar versos discepolianos. O Jorge Asís, quien no mostraba marcas de la derrota electoral con Jorge Sobisch, y en todo caso prefería -junto a Enrique Llamas de Madariaga- recordar un viaje que juntos habían hecho a una tierra casi santa donde todavía quedan registros del arameo. Viaje de reconversión espiritual para los dos sabandijas, seguramente, quienes comentaban la curiosidad de que esa lengua muerta que hablaba Jesucristo es tan limitada en palabras que, para decir televisión, en lugar de utilizar la denominación explican el significado como caja luminosa, con imágenes y sonido, conectada eléctricamente, etcétera. Ejemplo que, según le habían confesado expertos, justificaba el mensaje del Señor cargado siempre de parábolas. Tanta unción religiosa y lingüística imaginaba que ambos, en ese periplo, habían purgado sus desaguisados previos. Y si no fue así, esa noche olvidaban todo con champagne. Para el Cambalache, en otra mesa, mencionaban el nombre de Jorge Pérez Mancebo -un ex funcionario de PDVSA- como reemplazante probable de las tareas lícitas que realizaba Antonini Wilson, aquel «señor de las valijas» (de los 800 mil dólares que le incautaron en el aeropuerto) cuya comparecencia judicial parece olvidada, y de quien de sus reiterados pasos por Buenos Aires se recuerdan las suculentas facturas que pagaba en un hotel 5 estrellas de la calle Arroyo y sus vínculos con un sector connotado del gobierno. * Motivo del cumpleaños, que siguió con helado, pan dulce y una gigantesca torta de chocolate, confesando aparte el segundo de Carlos Stornelli en la seguridad bonaerense de Daniel Scioli (el todavía fiscal Martín López Perrando, a quienes sus amigos le dicen «Narrando» por su capacidad discursiva) que la nueva política en el sector difiere, claro, de la que emprendió León Arslanian. Y que habrá muchos cambios. No anticipó nada, tampoco el «Pilo» Bordón sobre su futuro; apenas si dijo que Kirchner le había reconocido el trabajo en la embajada y que, bajo ningún aspecto, haría comentarios sobre la publicada información de que Héctor Timerman dirigió un diario, en los 70, al servicio de los militares de entonces. «No quiero decir nada sobre eso, sólo voy a arreglar mis cuentas en la Cancillería», como si fuera un tanguero resignado personificaba al que evitaría hacer escarnio sobre quienes habían hecho escarnio sobre él. Menuda singularidad que atentamente observaban algunos empresarios farmacéuticos, como Alejandro Roemmers, Luis Gold, Gustavo Serra y Daniel Sielecki, alguien vinculado precisamente a Timerman. Pero ellos sólo parecían preocupados por otra cuestión: cómo compran nuevos laboratorios, concentran el negocio; negocio que, por otra parte, si es de unos pocos, será aún mucho más rentable. * De estreno. Así se consideraba Cristiano Rattazzi, titular de Fiat, recién salido de la vida en pareja (con una pimpante entrenadora y versátil uruguaya), traumatismo menor después de tantos años, al menos según declaraba en la fiesta de cumpleaños de Jorge Pereyra de Olazábal, en su piso de la calle Quintana. «Estoy bien, tranquilo, se terminó hace unos pocos días, voy a estar mejor», confiaba a los amigos, una lista en común que compartía con el dueño de casa, y entre los que se encontraban Jorge Aufiero, Carlos Fontán Balestra, Alejandro Estrada, Roberto Dvorik, Juan Pablo Maglier, Ricardo Fiorito, Germán Neuss, Miguel de Godoy, Julio Macchi, Mariano Grondona y el padre Guillermo Marcó. Casi todos con mujeres, salvo el cura y el ahora solitario Rattazzi, encargados de vaciar bandejas de bocaditos y, luego, una ratatouille con polenta y pollo, especialidad de Sarita, la esposa del anfitrión (lo mejor, sin embargo, fue la variedad de postres, gamas diferentes de chocolates, blanco, amargo, común). De los diálogos del corazón a la realidad política, a quién confirmará Cristina de Kirchner en el gabinete. Por ahora, explicó un conocedor, al único que le dijeron que continúa en el cargo es a Eduardo Luis Duhalde, titular de la Secretaría de Derechos Humanos. Se lo confiaron el día en que el Presidente ordenó -luego de 4 años y medio- que los militares ubicaran el cadáver del jefe del ERP, Mario Roberto Santucho. A propósito de esa información, se cruzaron diálogos: ¿Lo van a buscar con un scanner?, preguntó con solvencia un infidente. ¿Hay scanner de restos humanos?, se interrogó con sorpresa uno de los asistentes. Y el primer pícaro añadió: «Sí, lo tiene el gobierno, lo compró en su momento el ministro Aníbal Fernández, cuando imaginaron en la obsesiva búsqueda de huesos que en el hormigón y en el subsuelo de un edificio que perteneció al Ejército -vendido en su momento a una empresa constructora- existía la posibilidad de que hubieran escondido desaparecidos de la subversión». No se encontró nada, tal vez ahora pueda servir el artefacto, aunque ya hubo por lo menos dos movilizaciones de tierras en cuarteles en búsqueda de Santucho. Entonces, sólo confirmado Duhalde por ahora, y también informaciones relativas a su área: mayor presión para encarcelar militares de la década del 70 y algún colateral como el ex comisario Luis Patti: para el informante, es un plazo fijo esta detención. * El diseñador de moda Dvorik estaba en otro tema, invitaba a ver el film -a no estrenarse en la Argentina- «Lejos de ella», una producción norteamericana con Julie Christie que narra la condición física y anímica de un matrimonio de viejos. Afirmaba que era un logro. La hija de Amalia Lacroze de Fortabat, mientras, pasaba la gorra para la cena anual que organiza para la Policía Federal y juraba no saber nada de un traslado de esa dependencia. ¿A la Capital Federal, como pide Mauricio Macri? No, revelaba el infidente de turno: tal vez cambien la jurisdicción y la Policía, con el nuevo gobierno, en lugar de seguir en Interior pase a depender del Ministerio de Justicia. Desorientación general con el dato. Grondona, uno de los últimos en llegar, hablaba todavía de las elecciones y, gracioso consigo mismo, reconocía que la mayor parte de los invitados a su programa apenas si lograron más del uno por ciento de los votos. * Otra reunión, más doméstica, un quincho del propio diario pero en los salones del Hotel Emperador. Se festejaba un aniversario de la edición de Ambito Nacional, una sección que decidió implementar Julio Ramos y que observa continuidad creciente para conocer la vida de las provincias, un espacio desconocido habitualmente por los porteños. Un evento sin discriminaciones para la invitación y, sobre todo, que tampoco supo de discriminaciones a la hora de asistir. De modo que en el mismo espacio se reunían Eduardo Menem con el gobernador José Alperovich, Alberto Rodríguez Saá con el intendente «devidista» Julio Pereyra, más el abrazo protector de Daniel Scioli, acompañado en la ocasión por la futura ministra Débora Giorgi. Cordialidad extrema entre los presentes, buen gusto en las bromas partidarias y Rodríguez Saá asegurando que no aceptará la normalización del Partido Justicialista que piensa instrumentar Néstor Kirchner. «Si nos trataron así en la elección, en la interna nos van a moler a palos. Entonces, para evitar la golpiza, vamos a crear el Frejuli como partido nuevo y este mismo verano empezamos a afiliar». Junto con ese dato, la pregunta: ¿ seguirá María Servini de Cubría como responsable electoral? Para unos cuantos conocedores, ella se retira y le deja el cargo a otro magistrado federal. Música para los oídos, claro, de Rodríguez Saá, quien con buen humor hablaba de fraude. De otros años, obvio, de otras provincias. Y contaba cuando un juez lo fue a ver a Vicente Saadi unos días después de unos comicios y, con cautela, le dijo: «Mire, don Vicente, quería hablar de la elección». «Bueno -le respondió aquel gobernador-, diga.» Más cuidadoso, el juez repitió lo de elección sin agregar más nada, lo que generó cierta rabia en Saadi. «¿Qué quiere decir? ¡Pregunte!». Entonces, el interlocutor judicial dijo: «Mire, sucede que hay mesas con 900 inscriptos en las que se contaron 1.300 votos. Es un caso anómalo». A lo que Saadi, más ofendido, le replicó: «¿Y usted qué quiere, pronunciarse contra la voluntad de las urnas, contra lo que la gente votó?».