lunes, septiembre 10, 2007
Los mejores momentos de las “Charlas de Quinchos”
Embajada de Brasil y celebración de Antonio Cafiero son los escenarios principales de los “Quinchos” de esta semana, el clásico espacio periodístico de Ámbito Finnaciero que presenta cada lunes a sus lectores
• «Se equivocó el gobierno al pedirle a la Justicia una solución para el entuerto de Córdoba. La Justicia sólo podrá ofrecerle una resolución. La solución siempre deberá ser política. Por lo tanto, más tardía.» Así comentaba un cómico abogado en el populoso festival de la Embajada de Brasil, con mucha bebida -nunca hubo menos de 30 personas en las colas para pedir una caipirinha- y algunos bolinhos para celebrar su grito de Independencia patrio. Casi en masa, los que se anotaban para hablar de la elección cordobesa coincidían en la derrota que padece el gobierno por estos comicios, cualquiera sea el resultado, cualquiera sea el ganador. Extraño destino del kirchnerismo: lo que toca lo deshace, un Midas al revés. No sería de caballeros insistir sobre el dolor del ausente, el kirchnerismo, castigado además sádicamente por estar ausente. Mejor, entonces, buscar personajes en la carpa adosada a la embajada con doble escalera, donde entraban y pernoctaban -a pesar del insoportable clima- el embajador de EE.UU., Anthony Wayne (demostrando un castellano aceptable), extrañamente Paolo Rocca, de Techint, acompañado por Adriana Rosemberg y Luis Betnaza, a quien a su vez acompañaba María Laura Leguizamón, Magdalena Faillace (quien, dicen, es preceptora de Cristina de Kirchner en temas culturales), el canciller Jorge Taiana (quien, dicen, es el preceptor de Cristina de Kirchner en temas diplomáticos) y Diego Guelar, asesor de Mauricio Macri en política exterior y quejoso del embajador argentino en España, Carlos Bettini (quien, dicen, es preceptor vía correo de Cristina de Kirchner en diversos temas), con el que tuvo más de un tropiezo en Madrid a pesar de que ambos provenían, en los 70, de la misma cáfila soberbia que envolvió al país en la violencia extrema. Ocurre que el gobierno, según contaba Guelar, en el exterior intenta que Macri no disponga del mismo centimetraje que, en ocasiones, con sus viajes disfruta la esposa del Presidente (al parecer ya hubo incidentes parecidos en México, con el correveidile de Jorge Yoma). Justo Guelar, quizás sin percatarse, tocó el sensible mundo de dos queridos de la primera dama en el exterior: uno con destino incierto local y, el otro, seguramente a su lado -¿como secretario general?- en la Casa de Gobierno si triunfan en las elecciones (nadie ignora el papelerío que envía desde la capital española todas las semanas, desde manuales de conducta hasta cuidadosas agendas con opiniones, presupuestos, direcciones y dirigentes a contactar, temas a considerar; lo que se dice un muchacho que trata de ganarse el puesto). • Desde el equipo titular de la embajada -como toda sinecura que se precie, también tiene un plantel suplente y secreto- se confirmaba que el 3 de octubre Lula recibirá a la señora Cristina, seguramente con calurosa recepción y amplificada promesa de buenaventura: finalmente, los brasileños nunca han hecho mejores negocios en el país y, sobre todo, jamás han avanzado tanto en el campo privado sobre empresas locales. Atendía el embajador Mauro Vieyra y, sobre todo, Joao Becerra -la llave de todos los negocios energéticos de Brasil en la Argentina-, saludaban a Torcuato Di Tella, la siempre presente Beatriz Nofal, Carolina Barros, Jorge Hugo Herrera Vegas, Graciela Rohmer, Jorge Castro y Aníbal Jozami (quien se olvidó de contar que llevó a su elegante piso a Enrique Iglesias, aquel que facilitó la megadevaluación de Eduardo Duhalde y la UIA, junto a varios embajadores, de visita por Buenos Aires). Todos comentaban que Fernando Henrique Cardoso, el ex mandatario brasileño, será el encargado de inaugurar el futuro coloquio de IDEA (como siempre, en noviembre y en Mar del Plata, golf mediante), instituto parcialmente recuperado desde que la esposa de Kirchner asistió hace una semana al modesto precoloquio cuando su marido se entretuvo, en estos 4 años, en impedir que ninguno de sus ministros participase en esos encuentros). Todo cambia, la suerte también. Como es de imaginar, historias apretadas en cada rincón, aunque lo mejor de la noche provino del mundo judicial. Pertenece a la cofradía del ministro de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni, y es la siguiente: por una cuestión reglamentaria, Zaffaroni debió renunciar a su cátedra en la Facultad de Derecho, casi una tribuna de culto para estudiantes y egresados ingenuos. Por supuesto, junto a Zaffaroni creció una guardia de corps intelectual que aspiraba a sucederlo. Se organizó el concurso y ninguno de esos próceres del garantismo pudo calificar, al menos frente a otro contendiente -de apellido Pastor- que los superó en todos los renglones con nítida ventaja técnica. Paradoja, Zaffaroni era desalojado con todo de la Facultad. Sin embargo, como son gente de bien, persuasiva, lo citaron a Pastor y, en buenos términos se supone, lo convencieron de que no era el hombre para el cargo, que había dado el brillante examen sin advertir las consecuencias y que, por lo tanto, debía renunciar. En la jerga sindical, ese procedimiento tiene nombre y apellido. En el universo del Derecho se utiliza otro idioma para definir el apriete que, en este caso, tuvo notable éxito: Pastor abdicó de su triunfo. «No llores por mí Argentina», deliciosa canción que hasta los no peronistas reconocen como decididamente «gorila» -no olvidar que la obra abunda en el carácter prostibulario de Evita-, fue elegida por Antonio Cafiero para celebrar los 20 años de su triunfo como gobernador de Buenos Aires. Efímera victoria: un año después, quien parecía con la cancha libre para ser presidente, debió someterse a la derrota frente a un riojano (Carlos Menem) que tanto él como otros veían como un grotesco. Aun así, en el Club Español, casi con lágrimas, un elenco multiestelar de la política filoperonista acompañó al veterano dirigente que tampoco ahora, con el kirchnerismo, consigue una pincelada de bronce para su historia. Si bien no deslumbró el menú -una carne al horno con mil hojas de papa y salsa de brócoli-, en cambio sorprendió la concurrencia, quizás empapada del desconcierto general de la política argentina, nutrida en nombres: Taiana, Telerman, Albistur, Iribarne, González García, Solá, Corach, Anzorreguy, Hugo Moyano y Rodolfo Daer, Frigeri, Mussi, «Cacho» Alvarez, Osvaldo Agosto, Vernet, Dante Gullo, Sarghini, Brown, Mércuri, damas como Débora Giorgi (hoy de Solá y mañana con Scioli), también la colorada Teresa González Fernández (quien, por gestos, se saludó con su ex marido, a quien no veía desde hace 6 meses). No iba a faltar la colaboración familiar (Ana María, Juampi, Mario) ni el gracioso e imperdible bastonero de la reunión, Osvaldo Papaleo, con variados y jugosos chascarrillos. Extrañamente no estuvo la trilogía que, en un año, desfondó al cafierismo frente a Menem: José Luis Manzano, Carlos Grosso y José Manuel de la Sota, esa temida cúpula de la renovación. Hubo discursos con lagrimones gigantes de quienes luego se pasaron al duhaldismo (Solá y Telerman), también habló el propio Cafiero. Poco sutil, si se quiere, en sus críticas al gobierno, entusiasmando a la mayoría (algunos kirchneristas se sonrojaban, tipo Taiana o Gullo) con sus objeciones a la falta de peronismo, por la maniobra premeditada para congelar por años al partido, por no llamar a internas y por la falta de liderazgo. Por si nadie entendía, hasta precisó que el liderazgo de Kirchner -sin nombrarlo- era falso. «Y pensar que muchos creíamos que Antonio se había vuelto kirchnerista», casi se preguntó con entusiasmo un militante famoso; para escuchar, de otro militante famoso, otra reflexión: «También pensábamos que Kirchner lo llevaría a Cafiero en sus listas, pero parece que se lo olvidó». Sin tiempo para discusiones, un video de Rodríguez Arias sobre la vida de Cafiero, encomiástico, como si se tratara de una fiesta de 15 o de un casamiento. Para demostrar que desde su inicio político con Juan Perón, en la primera administración, Cafiero casi siempre tuvo el don de la oportunidad. * Algunos se tomaron a pecho la convención: la noche del color. Y, para demostrar el cromatismo de sus almas o alguna otra condición, se presentaron a su modo: Ignacio Liprandi, ya descartado como posible secretario de Cultura de Mauricio Macri (al cardenal Jorge Bergoglio no le simpatizaron sus declaraciones a favorde los matrimonios gays), apareció con saco rosa; Canela Von Büch exhibió una peluca verde; Ignacio Iturrioz presumía con un saco colorado extraído de un grabado británico de cacerías del zorro; Facundo Gómez Minujin atraía pasiones de diversos tipos con un turbante escarlata, árabe, turco, vaya a saberse, pero de las Mil y una Noches; Gino Bogani con un terno escocés rojo y negro (modisto, claro, ropa que al día siguiente puede tirar a la basura o reciclarla) y Rafael Oliveira Cezar con un pañuelo en el saco que proveía luces intermitentes como las remeras que se hicieron famosas en Ibiza, a mediados de los 90. Fueron los que más cumplieron con Nelly Arrieta -de largo, con un Bogani azul-, al margen de los otros 400 invitados que, para la comida temática de la Asociación Amigos del Museo de Bellas Artes, pagaron cada uno 1.500 pesos. Ahora se podrá construir una necesaria escalera de emergencia en el auditorio del primer piso, y tal vez se calmen los irritados empleados. La pareja de la noche eran Mauricio Macri y Malala Groba -a la que no falta experiencia social pues estuvo casada con un diplomático italiano-, un dúo que no se mostraba durante la campaña del ingeniero boquense, y que ahora se fotografía con frecuencia y apunta a convertirse en los porteños gobernantes más divertidos de los últimos tiempos. Al menos si se los confronta con los De la Rúa, Aníbal Ibarra (siempre con novias desconocidas) y Jorge Telerman, quien ha pasado como una especie de soltero social -como los fumadores o bebedores- a pesar de estar casado con la encantadora Eva Piccolo. Cóctel y bocaditos atrasados y, por fin, comida de La Bourgogne: tarta de salmón con pequeño aporte de camarones, luego unas pechugas con soufflé de espinacas y postres varios, al final, todos con chocolate marrón. * La anfitriona estaba rodeada de hombres, por así decirlo, bailando a pesar de sus dolores de cadera con el embajador francés Frederic Baleine du Lauren -introductor del futuro titular del FMI y lobbysta del tren bala para una empresa de su país-, Santiago Soldati, los dos Rodríguez Larreta, Ricardo Esteves, Rosendo Fraga, Johnny Casal, Archibaldo Lanús (quien al día siguiente se llevó a almorzar a Stepehn Lash, chairman de Christie's America), Norberto Frigerio, Luciano Miguens (cuya efímera fama en la Rural casi lo catapulta a ser primero en alguna lista necesitada), Luis Erize, Santiago del Sel, Luis Parenti y todos los herederos Blaquier. Damas no faltaron, esposas de tantos, también solas y de calibres diversos, Ginette Reynal, Paula D'Elía, Clarisa Estol, Cristina Carlisle y Sofía Estrada, aunque este apellido lo ha perdido en la separación. Tampoco escasearon los plásticos, de Alejandro Rainieri a Rogelio Polesello, Luis Benedit, Nora Iniesta, Pablo Benedit, ni un minuto se les despegaba Daniel Maman. El marco: el Roof Garden del Alvear, con enormes arreglos florales en papel crepé, del naranja al amarillo, idea de Gloria César, algo menos cuidada en línea y en aparente crisis con Amalia Lacroze de Fortabat, quien por algún episodio doméstico dicen que la apartó de su codiciada herencia. Pavadas, seguramente, de esa noche del color. * Habló Doña Nelly, casi una directora de escuela, reveló el monto que ha logrado el museo en estos 4 años y demostró tanto celo en la función que más de un director pensó que lo iban a echar. Se bailó con música de Suasnabar, más de uno completó mejor la noche, y si bien se hablaba de candidaturas intelectuales en los partidos (tipo de Abel Posse con Roberto Lavagna o Lanús con los Rodríguez Saá), el comentario más tenaz abundó sobre un personaje de Santa Cruz que pidió cuadros prestados para una colección para luego decir que habían sido donaciones. No ha sido beneficioso para Cristina, la candidata. También había preguntas sobre el testimonio del cónsul Héctor Timmerman en el juicio contra el capellán Von Wernich, episodio que generó críticas de algunos sectores. Esa declaración abre las puertas para citar al abogado Roberto Durrieu, ex subsecretario de Justicia de Jorge Rafael Videla, hoy abogado del diario «La Nación» y del empresario mexicano David Martínez, accionista de CableVisión. Al mismo tiempo, nadie ignora la relación familiar (son primos hermanos) del propio Timerman con Marcelo Midlin, de Pampa Holding, grupo que en su directorio tiene al estudio Recondo, Salaverri, Burgio & González, a su vez integrante de CableVisión (es conocida la ofensiva de uno de estos abogados contra la fiscal Alejandra Gils Carbó, quien hace poco firmó un durísimo dictamen contra el monopolio del cable por distintas irregularidades). O sea que el cónsul, candidato también a la cercanía más íntima de Cristina, con su declaración sobre Von Wernich, introdujo un conflicto de bufetes y de intereses que no estaba previsto en la nómina de los derechos humanos. * Nadie sabe si Rodríguez Saá (Alberto) dispone de mayor caudal que el resto de los opositores, pero aun en desventaja le ha concedido a la campaña un alboroto que sus colegas de adversidad no ofrecen todavía (léase Lavagna, Jorge Sobisch, Ricardo López Murphy). Sea en vigor con sus spots publicitarios o en chispeantes declaraciones con la elección de su segundo, el entrerriano Héctor Maya (sin comparar talentos, dispone y compite en sarcasmo con el dos del neuquino Sobisch, el escritor Jorge Asís). Autor, como se sabe, de una terrible declaración en el Senado, tiempo atrás, cuando al referirse a Cristina de Kirchner le dijo que hasta ese momento creía que su esposa era la peor de las mujeres del mundo, pero que cambiaba de parecer luego de tropezarse con la entonces representante de Santa Cruz. Dicho esto, claro, con palabras de senador, como es de imaginar mucho más elegantes. Conminó a un almuerzo Rodríguez Saá para conocer y hacer que se conozcan sus candidatos. Lugar: unos amigos de la Colorada ex Solá, el matrimonio Miguel Frías-Teresa Gowland, prestaron su casa (en rigor, una galería de arte) en Belgrano, y allí aterrizaron los dos hermanos puntanos, Esther Goris, Angel Abasto, Chicho Basile, Archibaldo Lanús, Jorge Pereyra de Olazábal, Liliana Negre de Alonso, Guillermo Tarapow, Héctor Maya, Pascual Rampi. Buen consumo de tiempo para apreciar la casa, deslumbrarse observando clásicos y contemporáneos, música para los oídos artísticos del candidato, pintor, con tanta obra colonial sobre las paredes. Después, a instalarse en los jardines, en distintas mesas para apurar un asado, donde el Alberto volvió a su vena histórica y habló largamente sobre los indios ranqueles (dice descender de un cacique de esa tribu) mientras Lanús agregaba recuerdos de lo que leyó en Lucio V. Mansilla. Memorioso el hombre. * Interesó también saber la razón de la elección de Maya como número dos en la fórmula. Quedó luego que se cayeron dos candidatos: 1) Emilio Cárdenas, abogado y ex embajador, quien no satisfizo con ciertas declaraciones sobre las pasteras (está vinculado a Botnia) y 2) Carlos Dellepiane, quien vive con culpa algún procesamiento por el Banco Provincia, tema que al parecer le molesta a él y no a otros que todavía circulan por la función pública. ¿Y Maya? Bueno, Rodríguez Saá dixit, «es portador sano de peronismo, votó contra la ley sindical, fuimos compañeros de facultad, estuvimos presos juntos en tiempos del Proceso y, en estos 60 días que faltan, se requiere optimismo y humor que a él le sobran». Se refería, claro, al autor de frases como «yo, que he comido croquetas de seso de canario flauta al champagne, ahora me tengo que conformar con chauchas de caldén» o «Reutemann es más aburrido que darle un beso a tu novia dormida y contárselo a la mañana siguiente». Hubo un rato de dedicación al mundo empresario y al rol de la UCeDé en ese espacio peronista (no gustan llamarse «disidentes», prefieren « genuinos»). Hoy, se asimilaban, lo de Pereyra de Olazábal es el conservadorismo popular que fue con Perón, pero ¿de qué modo nos organizaremos para cautivar a un sector que parece dormido alrededor de Kirchner? ¿O acaso nadie observó que la UIA, en la última reunión con la pareja presidencial, evitó referirse al nivel de las tasas, no protestó porque han pasado 20% y en esas condiciones ninguna empresa puede tomar un crédito? Pereyra de Olazábal, que va como diputado en una colectora al igual que el ex comandante del Irízar, Tarapow va por otra, sostuvo que en estos 60 días hasta los empresarios de la dócil UIA empezarán a poner el grito en el cielo. Promesa de candidato. * Faltó a la Rural (al pabellón Solanet, donde se eliminaron todos los boxes dedicados a los caballos) quizás la única que debía estar: Amalia Lacroze de Fortabat. Celebraba Loma Negra 80 años, ahora en manos brasileñas, pero nadie olvida que ella multiplicó lo que le había dejado el esposo. Y que lo cedió a los Camargo Correa hace un año y medio -aún, parece, quedan cuentas pendientes, de ahí la ausencia- debido a que ella sospechó que nadie, en su familia, estaba en condiciones de continuarla. Sueños de narcisa, tal vez alguna razón tendría. Lo cierto es que hubo un gentío para el menú campero (achuras, asado, lechón y bifes, preguntándose los expertos si la carne también era brasileña) y la exhibición entre gauchesca y turística que ofrecen los caballos con el sello ecuestre de Raúl Moneta. Entusiasmo de las dos hermanas Camargo Correa con el espectáculo, mientras el CEO del holding, Víctor Hallack, llegado de San Pablo, se enternecía con las canciones de la hermanita del gobernador Felipe Solá, Dolores. Los más expertos, en cambio, se desilusionaron con el conjunto que la acompañaba, La Chicana, mezcla rara de susheta y de mimí (tangos y milongas con cacofonía inextricable), arruinados además por la pésima acústica del lugar. Para el final, ponchos al aire, una gentileza brasileña, con los gritos de Soledad y su hermana -ambas bastante sexies-, y la ausencia de la gente de Alpargatas, empresa que también ya se deglutió este grupo empresario, cuya particularidad en el país ha sido conservar a la mayoría de los gerentes (Víctor Savanti y Enrique Morad, entre otros). También estuvieron Manuel Sacerdote, Luis Nascimento (esposo de una de las Camargo Correa y uno de los tres hombres más poderosos del grupo), José Cardoso, del Banco do Brasil, y hasta el intendente de Olavarría, Helios Eseverry. También Rosendo Fraga e Ignacio Gutiérrez Zaldívar. No faltó Leandro Risso, de Honda, publicitando la fábrica que habrá de instalar en Campana para producir un modelo chico de autos, unos 15 mil por año, inversión de 100 millones de dólares.
Embajada de Brasil y celebración de Antonio Cafiero son los escenarios principales de los “Quinchos” de esta semana, el clásico espacio periodístico de Ámbito Finnaciero que presenta cada lunes a sus lectores
• «Se equivocó el gobierno al pedirle a la Justicia una solución para el entuerto de Córdoba. La Justicia sólo podrá ofrecerle una resolución. La solución siempre deberá ser política. Por lo tanto, más tardía.» Así comentaba un cómico abogado en el populoso festival de la Embajada de Brasil, con mucha bebida -nunca hubo menos de 30 personas en las colas para pedir una caipirinha- y algunos bolinhos para celebrar su grito de Independencia patrio. Casi en masa, los que se anotaban para hablar de la elección cordobesa coincidían en la derrota que padece el gobierno por estos comicios, cualquiera sea el resultado, cualquiera sea el ganador. Extraño destino del kirchnerismo: lo que toca lo deshace, un Midas al revés. No sería de caballeros insistir sobre el dolor del ausente, el kirchnerismo, castigado además sádicamente por estar ausente. Mejor, entonces, buscar personajes en la carpa adosada a la embajada con doble escalera, donde entraban y pernoctaban -a pesar del insoportable clima- el embajador de EE.UU., Anthony Wayne (demostrando un castellano aceptable), extrañamente Paolo Rocca, de Techint, acompañado por Adriana Rosemberg y Luis Betnaza, a quien a su vez acompañaba María Laura Leguizamón, Magdalena Faillace (quien, dicen, es preceptora de Cristina de Kirchner en temas culturales), el canciller Jorge Taiana (quien, dicen, es el preceptor de Cristina de Kirchner en temas diplomáticos) y Diego Guelar, asesor de Mauricio Macri en política exterior y quejoso del embajador argentino en España, Carlos Bettini (quien, dicen, es preceptor vía correo de Cristina de Kirchner en diversos temas), con el que tuvo más de un tropiezo en Madrid a pesar de que ambos provenían, en los 70, de la misma cáfila soberbia que envolvió al país en la violencia extrema. Ocurre que el gobierno, según contaba Guelar, en el exterior intenta que Macri no disponga del mismo centimetraje que, en ocasiones, con sus viajes disfruta la esposa del Presidente (al parecer ya hubo incidentes parecidos en México, con el correveidile de Jorge Yoma). Justo Guelar, quizás sin percatarse, tocó el sensible mundo de dos queridos de la primera dama en el exterior: uno con destino incierto local y, el otro, seguramente a su lado -¿como secretario general?- en la Casa de Gobierno si triunfan en las elecciones (nadie ignora el papelerío que envía desde la capital española todas las semanas, desde manuales de conducta hasta cuidadosas agendas con opiniones, presupuestos, direcciones y dirigentes a contactar, temas a considerar; lo que se dice un muchacho que trata de ganarse el puesto). • Desde el equipo titular de la embajada -como toda sinecura que se precie, también tiene un plantel suplente y secreto- se confirmaba que el 3 de octubre Lula recibirá a la señora Cristina, seguramente con calurosa recepción y amplificada promesa de buenaventura: finalmente, los brasileños nunca han hecho mejores negocios en el país y, sobre todo, jamás han avanzado tanto en el campo privado sobre empresas locales. Atendía el embajador Mauro Vieyra y, sobre todo, Joao Becerra -la llave de todos los negocios energéticos de Brasil en la Argentina-, saludaban a Torcuato Di Tella, la siempre presente Beatriz Nofal, Carolina Barros, Jorge Hugo Herrera Vegas, Graciela Rohmer, Jorge Castro y Aníbal Jozami (quien se olvidó de contar que llevó a su elegante piso a Enrique Iglesias, aquel que facilitó la megadevaluación de Eduardo Duhalde y la UIA, junto a varios embajadores, de visita por Buenos Aires). Todos comentaban que Fernando Henrique Cardoso, el ex mandatario brasileño, será el encargado de inaugurar el futuro coloquio de IDEA (como siempre, en noviembre y en Mar del Plata, golf mediante), instituto parcialmente recuperado desde que la esposa de Kirchner asistió hace una semana al modesto precoloquio cuando su marido se entretuvo, en estos 4 años, en impedir que ninguno de sus ministros participase en esos encuentros). Todo cambia, la suerte también. Como es de imaginar, historias apretadas en cada rincón, aunque lo mejor de la noche provino del mundo judicial. Pertenece a la cofradía del ministro de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni, y es la siguiente: por una cuestión reglamentaria, Zaffaroni debió renunciar a su cátedra en la Facultad de Derecho, casi una tribuna de culto para estudiantes y egresados ingenuos. Por supuesto, junto a Zaffaroni creció una guardia de corps intelectual que aspiraba a sucederlo. Se organizó el concurso y ninguno de esos próceres del garantismo pudo calificar, al menos frente a otro contendiente -de apellido Pastor- que los superó en todos los renglones con nítida ventaja técnica. Paradoja, Zaffaroni era desalojado con todo de la Facultad. Sin embargo, como son gente de bien, persuasiva, lo citaron a Pastor y, en buenos términos se supone, lo convencieron de que no era el hombre para el cargo, que había dado el brillante examen sin advertir las consecuencias y que, por lo tanto, debía renunciar. En la jerga sindical, ese procedimiento tiene nombre y apellido. En el universo del Derecho se utiliza otro idioma para definir el apriete que, en este caso, tuvo notable éxito: Pastor abdicó de su triunfo. «No llores por mí Argentina», deliciosa canción que hasta los no peronistas reconocen como decididamente «gorila» -no olvidar que la obra abunda en el carácter prostibulario de Evita-, fue elegida por Antonio Cafiero para celebrar los 20 años de su triunfo como gobernador de Buenos Aires. Efímera victoria: un año después, quien parecía con la cancha libre para ser presidente, debió someterse a la derrota frente a un riojano (Carlos Menem) que tanto él como otros veían como un grotesco. Aun así, en el Club Español, casi con lágrimas, un elenco multiestelar de la política filoperonista acompañó al veterano dirigente que tampoco ahora, con el kirchnerismo, consigue una pincelada de bronce para su historia. Si bien no deslumbró el menú -una carne al horno con mil hojas de papa y salsa de brócoli-, en cambio sorprendió la concurrencia, quizás empapada del desconcierto general de la política argentina, nutrida en nombres: Taiana, Telerman, Albistur, Iribarne, González García, Solá, Corach, Anzorreguy, Hugo Moyano y Rodolfo Daer, Frigeri, Mussi, «Cacho» Alvarez, Osvaldo Agosto, Vernet, Dante Gullo, Sarghini, Brown, Mércuri, damas como Débora Giorgi (hoy de Solá y mañana con Scioli), también la colorada Teresa González Fernández (quien, por gestos, se saludó con su ex marido, a quien no veía desde hace 6 meses). No iba a faltar la colaboración familiar (Ana María, Juampi, Mario) ni el gracioso e imperdible bastonero de la reunión, Osvaldo Papaleo, con variados y jugosos chascarrillos. Extrañamente no estuvo la trilogía que, en un año, desfondó al cafierismo frente a Menem: José Luis Manzano, Carlos Grosso y José Manuel de la Sota, esa temida cúpula de la renovación. Hubo discursos con lagrimones gigantes de quienes luego se pasaron al duhaldismo (Solá y Telerman), también habló el propio Cafiero. Poco sutil, si se quiere, en sus críticas al gobierno, entusiasmando a la mayoría (algunos kirchneristas se sonrojaban, tipo Taiana o Gullo) con sus objeciones a la falta de peronismo, por la maniobra premeditada para congelar por años al partido, por no llamar a internas y por la falta de liderazgo. Por si nadie entendía, hasta precisó que el liderazgo de Kirchner -sin nombrarlo- era falso. «Y pensar que muchos creíamos que Antonio se había vuelto kirchnerista», casi se preguntó con entusiasmo un militante famoso; para escuchar, de otro militante famoso, otra reflexión: «También pensábamos que Kirchner lo llevaría a Cafiero en sus listas, pero parece que se lo olvidó». Sin tiempo para discusiones, un video de Rodríguez Arias sobre la vida de Cafiero, encomiástico, como si se tratara de una fiesta de 15 o de un casamiento. Para demostrar que desde su inicio político con Juan Perón, en la primera administración, Cafiero casi siempre tuvo el don de la oportunidad. * Algunos se tomaron a pecho la convención: la noche del color. Y, para demostrar el cromatismo de sus almas o alguna otra condición, se presentaron a su modo: Ignacio Liprandi, ya descartado como posible secretario de Cultura de Mauricio Macri (al cardenal Jorge Bergoglio no le simpatizaron sus declaraciones a favorde los matrimonios gays), apareció con saco rosa; Canela Von Büch exhibió una peluca verde; Ignacio Iturrioz presumía con un saco colorado extraído de un grabado británico de cacerías del zorro; Facundo Gómez Minujin atraía pasiones de diversos tipos con un turbante escarlata, árabe, turco, vaya a saberse, pero de las Mil y una Noches; Gino Bogani con un terno escocés rojo y negro (modisto, claro, ropa que al día siguiente puede tirar a la basura o reciclarla) y Rafael Oliveira Cezar con un pañuelo en el saco que proveía luces intermitentes como las remeras que se hicieron famosas en Ibiza, a mediados de los 90. Fueron los que más cumplieron con Nelly Arrieta -de largo, con un Bogani azul-, al margen de los otros 400 invitados que, para la comida temática de la Asociación Amigos del Museo de Bellas Artes, pagaron cada uno 1.500 pesos. Ahora se podrá construir una necesaria escalera de emergencia en el auditorio del primer piso, y tal vez se calmen los irritados empleados. La pareja de la noche eran Mauricio Macri y Malala Groba -a la que no falta experiencia social pues estuvo casada con un diplomático italiano-, un dúo que no se mostraba durante la campaña del ingeniero boquense, y que ahora se fotografía con frecuencia y apunta a convertirse en los porteños gobernantes más divertidos de los últimos tiempos. Al menos si se los confronta con los De la Rúa, Aníbal Ibarra (siempre con novias desconocidas) y Jorge Telerman, quien ha pasado como una especie de soltero social -como los fumadores o bebedores- a pesar de estar casado con la encantadora Eva Piccolo. Cóctel y bocaditos atrasados y, por fin, comida de La Bourgogne: tarta de salmón con pequeño aporte de camarones, luego unas pechugas con soufflé de espinacas y postres varios, al final, todos con chocolate marrón. * La anfitriona estaba rodeada de hombres, por así decirlo, bailando a pesar de sus dolores de cadera con el embajador francés Frederic Baleine du Lauren -introductor del futuro titular del FMI y lobbysta del tren bala para una empresa de su país-, Santiago Soldati, los dos Rodríguez Larreta, Ricardo Esteves, Rosendo Fraga, Johnny Casal, Archibaldo Lanús (quien al día siguiente se llevó a almorzar a Stepehn Lash, chairman de Christie's America), Norberto Frigerio, Luciano Miguens (cuya efímera fama en la Rural casi lo catapulta a ser primero en alguna lista necesitada), Luis Erize, Santiago del Sel, Luis Parenti y todos los herederos Blaquier. Damas no faltaron, esposas de tantos, también solas y de calibres diversos, Ginette Reynal, Paula D'Elía, Clarisa Estol, Cristina Carlisle y Sofía Estrada, aunque este apellido lo ha perdido en la separación. Tampoco escasearon los plásticos, de Alejandro Rainieri a Rogelio Polesello, Luis Benedit, Nora Iniesta, Pablo Benedit, ni un minuto se les despegaba Daniel Maman. El marco: el Roof Garden del Alvear, con enormes arreglos florales en papel crepé, del naranja al amarillo, idea de Gloria César, algo menos cuidada en línea y en aparente crisis con Amalia Lacroze de Fortabat, quien por algún episodio doméstico dicen que la apartó de su codiciada herencia. Pavadas, seguramente, de esa noche del color. * Habló Doña Nelly, casi una directora de escuela, reveló el monto que ha logrado el museo en estos 4 años y demostró tanto celo en la función que más de un director pensó que lo iban a echar. Se bailó con música de Suasnabar, más de uno completó mejor la noche, y si bien se hablaba de candidaturas intelectuales en los partidos (tipo de Abel Posse con Roberto Lavagna o Lanús con los Rodríguez Saá), el comentario más tenaz abundó sobre un personaje de Santa Cruz que pidió cuadros prestados para una colección para luego decir que habían sido donaciones. No ha sido beneficioso para Cristina, la candidata. También había preguntas sobre el testimonio del cónsul Héctor Timmerman en el juicio contra el capellán Von Wernich, episodio que generó críticas de algunos sectores. Esa declaración abre las puertas para citar al abogado Roberto Durrieu, ex subsecretario de Justicia de Jorge Rafael Videla, hoy abogado del diario «La Nación» y del empresario mexicano David Martínez, accionista de CableVisión. Al mismo tiempo, nadie ignora la relación familiar (son primos hermanos) del propio Timerman con Marcelo Midlin, de Pampa Holding, grupo que en su directorio tiene al estudio Recondo, Salaverri, Burgio & González, a su vez integrante de CableVisión (es conocida la ofensiva de uno de estos abogados contra la fiscal Alejandra Gils Carbó, quien hace poco firmó un durísimo dictamen contra el monopolio del cable por distintas irregularidades). O sea que el cónsul, candidato también a la cercanía más íntima de Cristina, con su declaración sobre Von Wernich, introdujo un conflicto de bufetes y de intereses que no estaba previsto en la nómina de los derechos humanos. * Nadie sabe si Rodríguez Saá (Alberto) dispone de mayor caudal que el resto de los opositores, pero aun en desventaja le ha concedido a la campaña un alboroto que sus colegas de adversidad no ofrecen todavía (léase Lavagna, Jorge Sobisch, Ricardo López Murphy). Sea en vigor con sus spots publicitarios o en chispeantes declaraciones con la elección de su segundo, el entrerriano Héctor Maya (sin comparar talentos, dispone y compite en sarcasmo con el dos del neuquino Sobisch, el escritor Jorge Asís). Autor, como se sabe, de una terrible declaración en el Senado, tiempo atrás, cuando al referirse a Cristina de Kirchner le dijo que hasta ese momento creía que su esposa era la peor de las mujeres del mundo, pero que cambiaba de parecer luego de tropezarse con la entonces representante de Santa Cruz. Dicho esto, claro, con palabras de senador, como es de imaginar mucho más elegantes. Conminó a un almuerzo Rodríguez Saá para conocer y hacer que se conozcan sus candidatos. Lugar: unos amigos de la Colorada ex Solá, el matrimonio Miguel Frías-Teresa Gowland, prestaron su casa (en rigor, una galería de arte) en Belgrano, y allí aterrizaron los dos hermanos puntanos, Esther Goris, Angel Abasto, Chicho Basile, Archibaldo Lanús, Jorge Pereyra de Olazábal, Liliana Negre de Alonso, Guillermo Tarapow, Héctor Maya, Pascual Rampi. Buen consumo de tiempo para apreciar la casa, deslumbrarse observando clásicos y contemporáneos, música para los oídos artísticos del candidato, pintor, con tanta obra colonial sobre las paredes. Después, a instalarse en los jardines, en distintas mesas para apurar un asado, donde el Alberto volvió a su vena histórica y habló largamente sobre los indios ranqueles (dice descender de un cacique de esa tribu) mientras Lanús agregaba recuerdos de lo que leyó en Lucio V. Mansilla. Memorioso el hombre. * Interesó también saber la razón de la elección de Maya como número dos en la fórmula. Quedó luego que se cayeron dos candidatos: 1) Emilio Cárdenas, abogado y ex embajador, quien no satisfizo con ciertas declaraciones sobre las pasteras (está vinculado a Botnia) y 2) Carlos Dellepiane, quien vive con culpa algún procesamiento por el Banco Provincia, tema que al parecer le molesta a él y no a otros que todavía circulan por la función pública. ¿Y Maya? Bueno, Rodríguez Saá dixit, «es portador sano de peronismo, votó contra la ley sindical, fuimos compañeros de facultad, estuvimos presos juntos en tiempos del Proceso y, en estos 60 días que faltan, se requiere optimismo y humor que a él le sobran». Se refería, claro, al autor de frases como «yo, que he comido croquetas de seso de canario flauta al champagne, ahora me tengo que conformar con chauchas de caldén» o «Reutemann es más aburrido que darle un beso a tu novia dormida y contárselo a la mañana siguiente». Hubo un rato de dedicación al mundo empresario y al rol de la UCeDé en ese espacio peronista (no gustan llamarse «disidentes», prefieren « genuinos»). Hoy, se asimilaban, lo de Pereyra de Olazábal es el conservadorismo popular que fue con Perón, pero ¿de qué modo nos organizaremos para cautivar a un sector que parece dormido alrededor de Kirchner? ¿O acaso nadie observó que la UIA, en la última reunión con la pareja presidencial, evitó referirse al nivel de las tasas, no protestó porque han pasado 20% y en esas condiciones ninguna empresa puede tomar un crédito? Pereyra de Olazábal, que va como diputado en una colectora al igual que el ex comandante del Irízar, Tarapow va por otra, sostuvo que en estos 60 días hasta los empresarios de la dócil UIA empezarán a poner el grito en el cielo. Promesa de candidato. * Faltó a la Rural (al pabellón Solanet, donde se eliminaron todos los boxes dedicados a los caballos) quizás la única que debía estar: Amalia Lacroze de Fortabat. Celebraba Loma Negra 80 años, ahora en manos brasileñas, pero nadie olvida que ella multiplicó lo que le había dejado el esposo. Y que lo cedió a los Camargo Correa hace un año y medio -aún, parece, quedan cuentas pendientes, de ahí la ausencia- debido a que ella sospechó que nadie, en su familia, estaba en condiciones de continuarla. Sueños de narcisa, tal vez alguna razón tendría. Lo cierto es que hubo un gentío para el menú campero (achuras, asado, lechón y bifes, preguntándose los expertos si la carne también era brasileña) y la exhibición entre gauchesca y turística que ofrecen los caballos con el sello ecuestre de Raúl Moneta. Entusiasmo de las dos hermanas Camargo Correa con el espectáculo, mientras el CEO del holding, Víctor Hallack, llegado de San Pablo, se enternecía con las canciones de la hermanita del gobernador Felipe Solá, Dolores. Los más expertos, en cambio, se desilusionaron con el conjunto que la acompañaba, La Chicana, mezcla rara de susheta y de mimí (tangos y milongas con cacofonía inextricable), arruinados además por la pésima acústica del lugar. Para el final, ponchos al aire, una gentileza brasileña, con los gritos de Soledad y su hermana -ambas bastante sexies-, y la ausencia de la gente de Alpargatas, empresa que también ya se deglutió este grupo empresario, cuya particularidad en el país ha sido conservar a la mayoría de los gerentes (Víctor Savanti y Enrique Morad, entre otros). También estuvieron Manuel Sacerdote, Luis Nascimento (esposo de una de las Camargo Correa y uno de los tres hombres más poderosos del grupo), José Cardoso, del Banco do Brasil, y hasta el intendente de Olavarría, Helios Eseverry. También Rosendo Fraga e Ignacio Gutiérrez Zaldívar. No faltó Leandro Risso, de Honda, publicitando la fábrica que habrá de instalar en Campana para producir un modelo chico de autos, unos 15 mil por año, inversión de 100 millones de dólares.