domingo, julio 01, 2007

 
Sí, ¿sí?
A tantas de las cosas que Mauricio Macri quiere de él ha respondido Néstor Kirchner con un "sí", que sería sensato averiguar a qué siente que se está comprometiendo el presidente en su fuero íntimo cuando hace una promesa. En las altas esferas de concepción y ejecutoria política en que cualquier presidente se mueve a diario --esferas de poder tan complejas que ni mil ojos bastan para otear--, un "sí" afirmativo es siempre un "sí" condicional. De cara a los próximos comicios nacionales, el presidente Kirchner necesita congraciarse de algún modo con los porteños que le rehusaron su voto el domingo anterior. Conque adelantarse a los deseos de éstos, cuya actual encarnadura cívica es Macri, y empezar desde ahora y hasta octubre a cortejarlos y a contentarlos es parte de un "sí" condicional: "si" quiere recuperar terreno perdido, deberá seducir de nuevo a quienes acaban de vapulearlo. Claro que el modelo estratégico in mente que guía sus concesiones tiene, en su hechura ideal, la premisa de que, mientras él vaya recuperando votos, el modelo macrista los vaya perdiendo. En otras palabras, que los traspiés del nuevo jefe metropolitano despunten, si fuera posible, junto con el próximo amanecer. ¿Qué mejor, entonces, que arrojarle a la cabeza cuanto antes la hirviente papa de una comuna en trance de colapso? Hay favores que matan.





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