domingo, julio 01, 2007

 

Kirchner quema sus naves y lanza a Cristina el 19-7
pese a que ella cae en las encuestas
Los Kirchner han decidido, pese a todo, cumplir el pacto que existe entre ellos: Cristina será candidata aunque su presencia lleve casi derecho a un balotaje. Ahora, la oposición debería comportarse a la altura de las circunstancias y dejar su adolescencia caprichosa.
01/07/2007 08:58
Para Analogías, Kirchner ganaría hoy una elección presidencial con el 55% de los votos, con Elisa Carrió colocada en el segundo lugar con el 11%. Cristina, en cambio, lo haría con el 46,2%, frente al 12% de la Coalición Cívica.
Para CEOP, en los dos escenarios Kirchner tendría el 53,6% de los votos y su esposa el 46%, con Roberto Lavagna como segundo, con el 10,9% frente al Presidente y 12,4% frente a la senadora.
La candidatura de Kirchner tendría para Ricardo Rouvier el 52,5% de los votos, contra el 15,2% de Carrió; Cristina Kirchner lograría el 48,2%, sobre el 16,3% de la ex arista. Y para OPSM, de Enrique Zuleta Puceiro, el Presidente ganaría con el 54,2% a Carrió, con el 10,5%, y la senadora con el 46,5% contra la misma contrincante, que obtendría el 12,5%.
En eventuales escenarios de segunda vuelta, medidos también por OPSM, Cristina se impondría sobre Carrió con una diferencia relativamente menor, 49,8% contra 29,5%. Y con mayor amplitud, en orden descendente, sobre Ricardo López Murphy -54,1% contra 22,1%-; contra Gabriela Michetti -52,3% contra 13,8%- y contra Roberto Lavagna -51,6% contra 27,4%.
Eduardo van der Kooy en el diario Clarín, de la Ciudad de Buenos Aires:
"El Presidente soñó con un paisaje más apacible y colorido que el actual. Hubiera preferido la ausencia del caso Skanska que salpica a su Gobierno con sospechas de corrupción. Hubiera preferido que la crisis energética no desnudara, como lo hizo, la debilidad del discurso oficial. Hubiera preferido también que el debate sobre la inflación no lo martirice cada vez que empieza un mes.
A aquel paisaje imaginado lo empezaron a atravesar también las ráfagas que produjo el repunte opositor. Las victorias de Mauricio Macri en Capital y de Fabiana Ríos en Tierra del Fuego parecieron remolinos que desplazaron al Gobierno a un segundo plano. Cuando Kirchner recuperó la línea lo hizo ladeado por aquel par de dirigentes de la oposición. Aquí podría estar una de las claves de la decisión de empujar ahora mismo a Cristina al ruedo electoral. El Presidente hubiera querido, quizás, esperar hasta agosto con la esperanza de presentar a su mujer en un escenario político menos inhóspito que el de hoy. Pero no pudo ser.
La oposición ha ganado un espacio público objetivo, aunque ese espacio sea todavía más aparente que real. Macri y Ríos no competirán en octubre. El arco opositor continúa fragmentado, pero ha recuperado una mística y un temple que parecían perdidos. Esa escalada, si el Gobierno continuaba en actitud pasiva, hubiera podido convertirse en un cerco y volcarse como duda sobre las reales chances de Cristina. Hubiera reabierto, tal vez, el debate sobre la reelección de Kirchner.
El lanzamiento tiende a proteger a Cristina de la instalación de aquellas dudas. Entierra, además, la hipótesis sobre la continuidad de Kirchner. Hay dos cosas que, a esta altura de la historia, escapan a cualquier conjetura: hace rato que el Presidente tenía decidido no seguir otro turno; una marcha atrás con el lanzamiento de su mujer hubiera representado ahora, después de tantos aprontes, una inconfundible señal de vacilación política.
Kirchner suponía que de continuar en el poder el ciclo kirchnerista se hubiera consumido inexorable en el 2011. La irrupción de Cristina, si triunfa, le daría otra oportunidad. ¿A él mismo? El Presidente ya empezó a decir que no regresará tampoco en el 2011 aún lejano. Lo ha dicho delante de sus funcionarios más íntimos. Barrunta, en cambio, un segundo período de Cristina. U otro candidato de la geografía kirchnerista que pueda ser moldeado en los años que vienen.
Esa proyección, en este tiempo, tiene demasiado de fantasía. Los planes políticos en la Argentina suelen ser de corto aliento porque los problemas de la realidad siempre los agotan. Influye, además, el cansancio de una sociedad que rastrea rumbos y da golpes de timón. Algo de todo eso, entre tantas razones, explicó la disparada de Macri y el sorpresivo estrellato de Ríos.
Aquella estrategia de Kirchner exhibe, sin embargo, un punto de razón. Las primeras elecciones de este año demuestran que el kirchnerismo carece todavía de un sistema partidario afiatado. La concertación con los gobernadores radicales asoma como un experimento inmaduro. Una crisis solapada que disimula su presencia en el poder viborea en los pies del peronismo. Salta, San Luis y La Pampa se apartan del proyecto oficial. El proyecto oficial tiene también muchas rispideces e incógnitas en Córdoba y La Rioja. Ya fracasó en varias provincias donde se votó. Si el Presidente no logra articular una fuerza cuando regrese al llano, su futuro y el de Cristina se vería ensombrecido.
Kirchner sobrevoló esa realidad en Olivos el martes por la noche, cuando decidió junto a su mujer y al jefe de Gabinete, Alberto Fernández, ponerle fecha al anuncio de la candidatura. Jugueteó con alianzas y sociedades políticas imaginarias como si empezara a transferirle a Cristina la responsabilidad futura del poder y la gestión. Para que ese futuro llegue, primero tendrá que ganar la elección.
El Presidente y su mujer tienen a priori una clara ventaja sobre la oposición que describen los sondeos de opinión pública que son y no son confiables. Pero el Gobierno viene, desde hace meses, de tropiezo en tropiezo. (...)"
Jorge Fontevecchia en el semanario dominical Perfil:
"¿Por qué Cristina Kirchner sería la candidata del Frente para la Victoria en octubre, si en todas las encuestas tiene menos intención de votos que su marido? La calidad de un análisis se mide por la capacidad explicativa que tiene de la realidad y, en este caso, no sólo debe explicar las ventajas –discutibles pero entendibles– que tendría para el oficialismo que ella reemplace a su marido sino, y dado que para que eso suceda primero deberá ganar las elecciones, antes de entrar en esas especulaciones debe explicar por qué el oficialismo estaría dispuesto a correr riesgos electorales en octubre.
El acceso o no al ballottage se logra por unos pocos puntos de diferencia, y el 10% de mayor intención de votos a Néstor que a Cristina Kirchner es, en política, una distancia sideral. El desafío pasa, entonces, por explicar por qué el Frente para la Victoria es capaz de poner en riesgo su continuidad en el poder para que Cristina sea presidenta.
(...) Los principios de rivalidad y exclusión que manejan la lógica de la competencia no son sólo económicos sino también políticos. Por ejemplo: lo que hace Kirchner con la oposición no difiere de lo que hace una megacorporación que abusa de su posición dominante para acercarse al monopolio y eliminar la competencia (el mercado no funciona sin competencia, ni la democracia sin oposición).
Aplicando la fórmula de Markowitz habría que encontrar el punto de balance entre riesgo de pérdida y expectativa de beneficio de: a) asegurar hoy la permanencia de un Kirchner en el poder; b) el mayor beneficio que para Néstor Kirchner represente volver en 2011 que continuar en 2007; c) el mayor riesgo que represente para Cristina Kirchner suceder a su marido en 2011 que en 2007.
Otras perspectivas para analizar los motivos de Cristina presidente podrían encontrarse en cuestiones de índole personal. Que Néstor y Cristina Kirchner hayan construido una sociedad política entre iguales, donde Cristina exija hoy el cumplimiento de un pacto preestablecido de alternancia de roles. O que el Presidente haya consumido sus reservas físicas y psicológicas en estos cuatro desgastantes años de tarea, y no resista otros cuatro de presión similar sin un período sabático. (...)"
Joaquín Morales Solá en La Nación:
"(...) nunca debe desdeñarse la ayuda involuntaria que Kirchner les prodiga a sus adversarios. ¿Por qué le dio a Macri la posibilidad de dos fiestas triunfales consecutivas, en apenas 20 días, frente a toda la televisión del país sin que haya cometido un solo error?
Scioli es otra cosa. Su nombre surgió de algunos dirigentes peronistas, sobre todo del misionero Ramón Puerta, que lo calificaron públicamente de candidatazo para las próximas presidenciales.
Esos peronistas han sido relegados por Kirchner y creen en la necesidad de una fórmula más afín al peronismo. Ellos piensan, en verdad, más en Felipe Solá o en De la Sota como eventuales candidatos presidenciales que en Scioli; ninguno de aquellos dos ha aceptado el desafío por ahora.
Scioli se quedará donde está. Su posición no es la de Macri, un dirigente que siempre cuestionó el discurso y los actos de Kirchner. La traición es inherente a la política, si a ésta se la despoja de la moral y de la teología.
Sin embargo, hasta la traición necesita de cierta estética. ¿Quién creería en Scioli si en pocos meses pasara de hijo pródigo de Kirchner en la provincia de Buenos Aires a referente de sus opositores en el peronismo nacional?
Es cierto que Scioli expresa cierto fenómeno político. Sin una larga experiencia ejecutiva y sin un discurso de seducción intelectual, su figura ha crecido en la provincia de Buenos Aires hasta ubicarse ahora por encima del Presidente y de su esposa. Calma, a pesar de todo. Su arte es la flotación. No hay ninguna posibilidad, ni siquiera la más remota, de que el actual vicepresidente abandone el redil de Kirchner para pararse en la vereda de enfrente.
Macri, en cambio, vacila y oscila. Por primera vez en cuatro años un dirigente opositor alcanzó la misma aceptación popular del Presidente en el área metropolitana (Capital Federal y Gran Buenos Aires), según los encuestadores más serios, tras la centelleante victoria del ballotage. Ya antes de las elecciones porteñas era el político con más intención de votos, luego del matrimonio presidencial, en muchas regiones del interior del país.
Políticos y empresarios han desfilado en las últimas horas por las oficinas de Julio Aurelio, el único encuestador que pronosticó resultados con la precisión de un cirujano.
¿Cómo está Macri?, le preguntan. Una medición nacional profunda sobre la figura de Macri comenzará en la semana que se inicia. ¿La encargó Macri? Conoce los preparativos, por lo menos.
Cinco meses en la Argentina es mucho tiempo . La frase corresponde a Macri y se la dijo a los corresponsales extranjeros, que se encariñaron con ella, cuando le preguntaron sobre octubre.
¿Mucho tiempo para qué? ¿Para decidir qué hará él o para resolver a qué candidato apoyará? No se sabe. Ninguna precisión salió de su boca. La ambigüedad es la esfera que más le gusta en estos días.
Por el momento, hace los preparativos para conducir la ciudad de Buenos Aires, mientras espera, no sin ansiedad, la dinámica de las circunstancias nacionales.
Su encuentro con Kirchner fue menos frío de lo que trascendió. Empezó con un presidente que tomaba distancia de él ("ingeniero", lo llamó secamente de entrada) y terminó con un Kirchner cómplice de Macri en las chanzas que éste les hacía a Alberto y a Aníbal Fernández. Encontró un compinche fácil para zumbar a sus funcionarios.
El traspaso de la policía fue un acuerdo a medias. Kirchner intentó esquivar un compromiso firme. Yo ya me estoy yendo, argumentó ante Macri. ¿Le anunció así la candidatura de Cristina Kirchner? No lo dijo. Macri fijó la fecha del 15 de agosto para un acuerdo político sobre la policía ante las renuencias presidenciales, pero no hubo acuerdo aún sobre el traspaso de los recursos para financiar la policía.
No hubo ni una palabra entre ellos sobre la contienda nacional. Pero Macri se asombró por dos cosas que abordó Kirchner y que nadie había puesto sobre la mesa: analizó la crisis energética, cuya responsabilidad remontó al gobierno de la Alianza, y se manifestó contra el sistema de ballotage.
Lo envidio. Me hubiera encantado gobernar esta hermosa ciudad, se despidió Kirchner de su rival. Los roles se habían cambiado. Kirchner no abandonó nunca su vocación de intendente y Macri quiere ser presidente (...)"





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