sábado, mayo 05, 2007
Crispación
El presunto (nunca se sabrá) atentado contra el domicilio presidencial en Río Gallegos viene a probar que el gobierno ha caído en su propia trampa: cuatro años de indisciplina social y de efervescencia revolucionaria crearon en la sociedad tal estado de crispación permanente que, al final, pasan estas cosas. Resulta que las sociedades reaccionan como los circuitos eléctricos, donde un filamento dislocado provoca un corto y donde nunca falta un débil mental que interpreta esa crispación colectiva mediante un acto terrorista. La indisciplina social y el "espontaneísmo de las masas" se vuelven hoy contra el gobierno que los instaló en la escena pública. Roberto Lavagna atribuye el vuelco del camión a operaciones del propio gobierno; el ministro del Interior, al intendente radical de Río Gallegos, Héctor Roquel, y el presidente a las instigaciones de la prensa opositora. Pero ¿cuándo resolverá el desmanejo anárquico de la seguridad, protegiendo los derechos de los individuos por encima de las manifestaciones de las masas? Sería el único modo de terminar con esta crispación, reduciendo los decibeles para que, por lo menos, podamos llegar hasta las elecciones de octubre en un clima de relativa paz.
El presunto (nunca se sabrá) atentado contra el domicilio presidencial en Río Gallegos viene a probar que el gobierno ha caído en su propia trampa: cuatro años de indisciplina social y de efervescencia revolucionaria crearon en la sociedad tal estado de crispación permanente que, al final, pasan estas cosas. Resulta que las sociedades reaccionan como los circuitos eléctricos, donde un filamento dislocado provoca un corto y donde nunca falta un débil mental que interpreta esa crispación colectiva mediante un acto terrorista. La indisciplina social y el "espontaneísmo de las masas" se vuelven hoy contra el gobierno que los instaló en la escena pública. Roberto Lavagna atribuye el vuelco del camión a operaciones del propio gobierno; el ministro del Interior, al intendente radical de Río Gallegos, Héctor Roquel, y el presidente a las instigaciones de la prensa opositora. Pero ¿cuándo resolverá el desmanejo anárquico de la seguridad, protegiendo los derechos de los individuos por encima de las manifestaciones de las masas? Sería el único modo de terminar con esta crispación, reduciendo los decibeles para que, por lo menos, podamos llegar hasta las elecciones de octubre en un clima de relativa paz.