domingo, abril 15, 2007
Realidades
Es una suerte y un alivio que el gobierno del presidente Kirchner se haya entregado con frenesí, según su propio relato entusiasta, a la puesta en marcha de tantas obras de infraestructura pública. Porque si con tamaña inversión de recursos bastaron las recientes lluvias, copiosas pero no diluvianas, para anegar sectores enteros de cinco provincias argentinas tan grandes como algunos países chicos, es de imaginar el perjuicio atroz que una tutela menos previsora habría infringido al país.
Devorado desde dentro por un esquema de prioridades ideológicas antepuestas sin cesar a las prioridades prácticas, la administración de un Estado nacional quebrado debería abstenerse de prometer y de anunciar cosas que sólo pueden hacerse con más dinero o con más pragmatismo.
Es una suerte y un alivio que el gobierno del presidente Kirchner se haya entregado con frenesí, según su propio relato entusiasta, a la puesta en marcha de tantas obras de infraestructura pública. Porque si con tamaña inversión de recursos bastaron las recientes lluvias, copiosas pero no diluvianas, para anegar sectores enteros de cinco provincias argentinas tan grandes como algunos países chicos, es de imaginar el perjuicio atroz que una tutela menos previsora habría infringido al país.
Devorado desde dentro por un esquema de prioridades ideológicas antepuestas sin cesar a las prioridades prácticas, la administración de un Estado nacional quebrado debería abstenerse de prometer y de anunciar cosas que sólo pueden hacerse con más dinero o con más pragmatismo.