lunes, octubre 16, 2006

 
Somos todos enemigos

Si no se está de acuerdo con el Autócrata, todos sin excepción son considerados enemigos del poder y pasan a integrar las listas negras, confeccionadas para él y actualizadas durante las horas del día por un séquito activo de informantes.Se deben cumplir inexcusablemente las órdenes del Primer Mandatario, que impone como pensar, como sentir, saber dirigir los odios y también las pertenencias políticas, si se está fuera de estos parámetros, se pasa a formar parte de los desestabilizadores del régimen.
El Magnífico Imprudente, cumple todos los roles que corresponderían a las instituciones de la Nación, interpretando desde su psicopatía, hasta una profusa idea evangelizadora contrapuesta a la Iglesia, pero única y especial con espíritu K, estructurando su propio culto, nueva interpretación de algún distorsionado ejemplar apócrifo.
Las dificultades de comprensión que aquejan al Presidente, parecen ser muy complejas y entrelazadas a una amnesia parcial, que le impide recordar sus actividades en los años 70, cuando lo importante en esta época para este Señor, parecería ser el enriquecimiento a costa del prójimo.
Omnubilado por el poder, piensa anular por descarte a todos los que en su mediocridad, estima un peligro para su obstinación de perpetuidad, no importa a que sector pertenezcan, la luz de alerta impone destrucción.
Atentando contra las libertades de prensa desde los servicios de la “desintelegencia”, se siente capaz de amedrentar por medio de la amenaza torpe y burda, a quienes exponen el pensamiento de libertad en todo el ámbito nacional, justificándose en sus monólogos, con una manipulación impúdica, en la que estima desmerecer por medio de mentiras y burlonas críticas difamantes
Doctrina terminal impuesta desde el odio es exacerbada aceleradamente por las verborragias del Primer Ciudadano, que apuesta sin responsabilidad a la disolución de la armonía, imponiendo revanchas que no le pertenecen, subvirtiendo el orden y la justicia, tomando como presas a religiosos, militares, policías, periodistas y ciudadanos comunes, imponiendo condenas por causas implantadas.
Con tal de conseguir apoyos, vende la tranquilidad de los ciudadanos al mejor postor, por caso, a los residuales personajes que nunca admitieron su derrota y que la sociedad repudió por sus procedimientos violentos y quienes hoy pretenden imponer su ley.
Asumiendo las banderas de estos grupos, el Señor Kirchner ataca, sabiendo las reales intenciones de estos marginales, lacera la República, humilla la Democracia, acatando las exigencias que le son funcionales para quebrantar el Estad de Derecho y someter al pueblo.
No importa la metodología empleada, el objetivo es silenciar a la ciudadanía, no importa con que armas o con que procedimientos, la causa oficial así lo exige, extirpando a todo aquel que se considere un obstáculo para la conquista permanente del poder.
Como una invasión de resentimientos y revanchas, mantenidas y acrecentadas en el tiempo se piensa afianzar la impunidad por medio de un manifiesto maltrato, utilizando como partícipe necesario, a un Presidente capaz de anular el futuro nacional manteniendo en la obscuridad los reales sentimientos del pueblo, que no busca revancha y solamente pretende el respeto a sus vidas en libertad, bajo el Contrato Social, único y legítimo, que en estos momentos es desterrado, anulado y ultrajado, por un conjunto de canallas que se dicen los dueños de la representatividad.
Los ataques injustos incentivan la lucha por la verdad, afianzando los sentidos de los que no piensan dejar se siga humillando a la Patria y ofendiendo a su Dios.
Seguirán sus oprobios, sus intentos de disgregación del tejido social y sus amenazantes improperios, pero los argentinos no son cobardes y ante la agresión se multiplicarán las voces de millones de ciudadanos que no podrán ser silenciados ante su acoso a la libertad de expresión.





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