domingo, octubre 08, 2006

 
Indefensión
La insólita acordada de la Suprema Corte de la Provincia, que obliga a los jueces a recapitular la duración de las penas, terminó con la huelga que llevaban a cabo los presos, pero pone nuestras comunidades a merced de la delincuencia. Se calcula que serán liberados unos 3.000 rateros, ladrones de autos, pasadores de droga, cuatreros y piratas del asfalto, más 64 delincuentes de alta peligrosidad, entre ellos "los 12 apóstoles" (que armaron el motín de Sierra Chica, cocinaron a una banda rival en el horno de la panadería y le dieron de comer empanadas hechas con sus cadáveres a la jueza que habían tomado por rehén). Si se tiene en cuenta la temprana liberación de los asesinos de José Luis Cabezas y la reciente, en Santa Fe, de Carlos Fraticelli, convicto de asesinar a su hija, habrá noción del peligro en que viviremos, seguramente superior al que ya padecemos. En cambio, el odontólogo Ricardo Barreda, que mató a la mujer, a la suegra y a sus dos hijas, prefiere quedarse entre rejas, al menos hasta recibirse de abogado, para salir a la calle a defender la justicia, como Schoklender. En resumen: los jueces han decidido que los delincuentes estén entre nosotros, dado que --¡pobrecitos!-- son víctimas de la "sociedad capitalista". La táctica de los criminales es realista: si destruyen las cárceles, el Estado va a tener que liberarlos, que es lo que ha ocurrido, mientras los jueces carecen de personal, de computadoras y aun de útiles, con lo cual los tribunales están colapsados, y los 10 penales provinciales, en curso de demolición. Resulta que los asesinos están entre nosotros, y nosotros quedamos cada día más solos en el mundo.





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