lunes, octubre 16, 2006

 
Energía
En estos días, el gobierno tomó varias medidas contradictorias, verdaderos manotazos de ahogado, delatando así que ya estamos viviendo en una crisis energética, cosa que el oficialismo niega. Primero otorgó a Siemens (firma que mantiene un pleito internacional contra la Argentina) un contrato, extremadamente concesivo, para la provisión de dos usinas eléctricas de ciclo combinado. Enseguida, el Senado aprobó un proyecto igualmente liberal para favorecer a las empresas privadas que inicien cateos y descubran nuevos yacimientos petrolíferos. Y, por último, amenazó a esas mismas empresas con aplicarles la fenecida Ley de Abastecimiento, si no proveen rápido del gasoil que está faltando en el campo. ¿Por qué no hay gasoil suficiente (la Sociedad Rural calcula que faltarán 60 millones de litros hasta finalizar las cosechas)? Porque el Estado pretende que se venda a 1,50, cuando cuesta 2,50 en el mercado internacional, motivo que también impide importarlo y hace más rentable para las compañías refinar lubricantes o aditivos y exportarlos. La pregunta del millón: ¿por qué no se anticiparon a esta emergencia, que ya se avizoraba en 2004, invirtiendo el famoso superávit para buscar petróleo y gas, comprando caños y trépanos en vez de acumular dólares en el Banco Central? Probablemente sea imposible arriesgar respuesta alguna: el oficialismo actúa con una mentalidad prelógica. Quiere frenar el alza de los precios como el mítico Josué paró el curso del sol ante Jericó, y ahora ensaya, como los salvajes de Polinesia, la "danza de la lluvia", esperando que el gasoil caiga del cielo.





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