viernes, agosto 18, 2006
Hasta ahora algunos, con ingenuidad o con malicia, creían que existía un espacio en el que se podía estar seguro. Ese lugar era el oficialismo. Todos aquellos que se acercaban al sol oficial se sentían protegidos por su calor, que los cubría y los calentaba.Pero el Presidente, al sentirse dueño del territorio político y no ver en el horizonte ni asomo de creación de alternativas, ha decidido hacer una operación de purificación de sus filas.Esta consiste en dar un paso más. Los que se atreven a mostrar un cierto grado de independencia, los que muestran la intención de buscar un espacio personal, los que no son del agrado del Presidente -o, peor aún, de su señora- comenzarán a sufrir las consecuencias. La verdad oficial -secreta- es la que todo funcionario debe desentrañar, de manera dogmática e intransigente, ya que no admite la menor desviación o interpretación.Los casos sobran: la venganza contra Luis Juez, el acoso contra Sergio Acevedo, la caída en desgracia de Aníbal Fernández y la persecución de Atilio Alterini, entre otros. La metodología utilizada es la delación, el culto a la personalidad y la sumisión. Las tribus internas buscan antecedentes e indagan en el pasado de la persona con el objetivo de poner ciudadanos en la mira, consultan para todo al Jefe y cuando algún funcionario toma alguna decisión u opina sin previo filtro, los alcahuetes corren a contarle al Presidente. Tienen que comprender su estado de ánimo y aceptar insultos y caprichos. Cuando alguno no lo haga, sufrirá un proceso de aniquilación moral.Buscamos alguna lógica para entender la conducta presidencial en principios tales como que toda persona que haya tenido algún cargo en la dictadura no participará en este gobierno, lo mismo que los que integraron el gobierno de la Alianza o hicieron algún tipo de gestión con Eduardo Duhalde o Carlos Menem. Pero no hay lógica alguna: a situaciones iguales, respuestas distintas. Así, vemos a funcionarios que fueron aliancistas, duhaldistas y menemistas, e incluso a funcionarios de la dictadura como parte del conglomerado oficialista. Unos reciben la amnistía oficial, y a otros se les endilga el pecado, con el objeto de destruirlos.El Operativo Purificación no encuentra raíces en cuestiones mensurables u objetivas: se encuadra en la lógica del poder. La purificación es la metodología justificatoria del poder absoluto. Cada persona es encuadrada por el poder en un cubículo ideológico y de acuerdo con su ubicación recibe el trato que su ideología merece.La escala parte de aquellos que participaron en la década del 70, como el grado mayor de verdad. La sociedad es colocada en una escala ideológica y, en consecuencia, la palabra y la opinión son censuradas automáticamente si vienen de algún estamento ideológico contrario al régimen.Todos estamos clasificados. Los únicos que han cambiado su ubicación de la década del 70 al presente son los sindicatos. En aquella época, Hugo Moyano y Luis Barrionuevo hubieran sido considerados enemigos y burócratas. Sin embargo, hoy ( ¿será por su poder?) han sido desclasificados y ubicados en el campo del pueblo.Todo ser humano que no encaje en el modelo que se declara aceptable puede ser condenado por el mismísimo Presidente. Fundamentalismo kirchnerista, podríamos sintetizar.El poder es de Kirchner, esto es lo que todos deben entender. No es una construcción colectiva, no es un bien divisible. Es un bien único, cuya máxima posibilidad es que K preste partes de ese poder para su administración circunstancial, parcial y temporal. Primero, a su esposa.La reacción de las mayorías K frente a la reprimenda que sufren los díscolos será entregar mas cabezas al emperador. Los lazos de dependencia se fortalecerán y no se escucharán voces críticas, para no despertar la ira del Jefe. Miremos si no el gabinete. Un ministro de Relaciones Exteriores que no hace callar al jefe de Gabinete y al ministro del Interior cuando insultan al presidente uruguayo, una ministra de Economía que no levanta la voz cuando suspenden las exportaciones de carne o cuando la sacan de la negociación de los precios, un ministro de Trabajo que deja que el Presidente decida los salarios con un dirigente sindical, un ministro del Interior que mira cómo cortan un puente durante tres largos meses. En síntesis: un gabinete de marionetas que sólo se mueven cuando el titiritero lo hace.El Operativo Purificación se nutre de aquellos que creen que a ellos no les sucederá lo mismo que a sus compañeros caídos.Así se va constituyendo una dirigencia política cuya esencia es la antipolítica, porque se trata de empleados del poder. La política con mayúsculas se basa en una relación de iguales, donde el ciudadano, aunque sea un subordinado en el plano privado, es considerado un igual en el marco de los derechos políticos. El Presidente, en un régimen republicano democrático, es un primus inter pares , un igual entre iguales. Esta lógica aquí esta ausente. Impera la lógica contraria: aquel que entra en el Gobierno pierde su individualidad, para consagrarle su persona al régimen.La lógica implacable del autoritarismo está en marcha. Stalin después de casi veinte años de estar en el poder se había deshecho de todos los protagonistas de la revolución. Del primer comité central, sólo quedaba él.Por eso, hasta Cristina debería poner las barbas en remojo.