viernes, agosto 18, 2006
Fantasías
De pronto, Néstor Kirchner advirtió que no podría enfrentar los comicios de 2007 sin, al menos, despuntar el pavoroso déficit de viviendas y la tétrica situación de los jubilados. Hizo dos cosas: la primera, reubicar a su hermana en la cartera de Desarrollo Social, para administrar esos gastos en la última etapa de la campaña. Pero luego todo se resolvió con un alarde demagógico. "Se anunció el qué, pero no se dijo el cómo", resumía "Clarín" ayer. Para rescatar a inquilinos que enfrentan crecientes aumentos y convertirlos en propietarios de unidades económicas, aun cuando aparezcan los fondos bancarios, cada familia debería pagar amortizaciones de 1.250 pesos al mes (sin contar las expensas, cada día más pesadas), y el salario promedio no excede los 900 pesos. Por eso es que crecen las villas miseria, donde una pieza de latas se paga 300 pesos al mes. En cuanto a los jubilados, vale la pena recordar que los fondos de las cajas fueron dilapidados por los gobiernos anteriores a 1989 y que las jubilaciones actuales son un mero subsidio del Estado: entonces, relacionarlas, aunque sea de lejos, con los ingresos de un trabajador activo costaría unos 2.000 millones de dólares al año, cosa que el presidente, atento siempre a la caja sobre la que está sentado, no cometerá la locura de hacer. En cierto modo, el régimen está preso de su propio modelo: la devaluación que achicó los salarios entre tres y cuatro veces para favorecer a sus industriales amigos, y la inflación local que, sumada a la exterior (de donde viene el alza loca de las propiedades), obliga a los bancos a cobrar intereses que rondan el 15%, suma impagable para el común de la gente. Lo insólito, que prueba el "amateurismo" de Guillermo Moreno, secretario de Comercio, es que no se estimula la transferencia de las viviendas más económicas ya existentes por medio del crédito puente, que se recupera en menos de un año: el tiempo en que el vendedor compra una nueva vivienda, sumando sus ahorros, y libera la anterior al alquiler o la recompra. El único dato positivo del plan es la desgravación de las construcciones destinadas a alquiler.
De pronto, Néstor Kirchner advirtió que no podría enfrentar los comicios de 2007 sin, al menos, despuntar el pavoroso déficit de viviendas y la tétrica situación de los jubilados. Hizo dos cosas: la primera, reubicar a su hermana en la cartera de Desarrollo Social, para administrar esos gastos en la última etapa de la campaña. Pero luego todo se resolvió con un alarde demagógico. "Se anunció el qué, pero no se dijo el cómo", resumía "Clarín" ayer. Para rescatar a inquilinos que enfrentan crecientes aumentos y convertirlos en propietarios de unidades económicas, aun cuando aparezcan los fondos bancarios, cada familia debería pagar amortizaciones de 1.250 pesos al mes (sin contar las expensas, cada día más pesadas), y el salario promedio no excede los 900 pesos. Por eso es que crecen las villas miseria, donde una pieza de latas se paga 300 pesos al mes. En cuanto a los jubilados, vale la pena recordar que los fondos de las cajas fueron dilapidados por los gobiernos anteriores a 1989 y que las jubilaciones actuales son un mero subsidio del Estado: entonces, relacionarlas, aunque sea de lejos, con los ingresos de un trabajador activo costaría unos 2.000 millones de dólares al año, cosa que el presidente, atento siempre a la caja sobre la que está sentado, no cometerá la locura de hacer. En cierto modo, el régimen está preso de su propio modelo: la devaluación que achicó los salarios entre tres y cuatro veces para favorecer a sus industriales amigos, y la inflación local que, sumada a la exterior (de donde viene el alza loca de las propiedades), obliga a los bancos a cobrar intereses que rondan el 15%, suma impagable para el común de la gente. Lo insólito, que prueba el "amateurismo" de Guillermo Moreno, secretario de Comercio, es que no se estimula la transferencia de las viviendas más económicas ya existentes por medio del crédito puente, que se recupera en menos de un año: el tiempo en que el vendedor compra una nueva vivienda, sumando sus ahorros, y libera la anterior al alquiler o la recompra. El único dato positivo del plan es la desgravación de las construcciones destinadas a alquiler.